Imaginad una tarde fría de invierno. Estáis en casa. Afuera cae una fina lluvia que está a punto de convertirse en cellisca. El ambiente es grisáceo y os sentís un poco desanimados. Y entonces sentís un irremediable deseo de ir a la cocina para devorar un par o tres de galletas.
Este deseo es completamente normal. Las galletas elevan el ánimo porque elevan los niveles de serotonina en nuestro cerebro. En otras palabras, podéis estás más o menos a gusto una tarde de invierno según lo que comáis. Una col hervida, por ejemplo, no os haría sentir mejor. Una dieta diseñada para rebajar el colesterol en sangre incluso es posible que influya de tal modo en vuestros niveles de serotonina que acabéis realmente enfadados con el mundo y con vosotros mismos.
Y es que la serotonina es muy importante para nuestro estado de ánimo. Prozac, por ejemplo, actúa influyendo sobre el sistema de la serotonina, aunque aún existen una polémica sobre cómo lo hace exactamente. La teoría más aceptada es que Prozac inhibe la reabsorción de la serotonina dentro de las neuronas, y así aumenta su cantidad en el cerebro.
Una galleta, por ejemplo, sería una especie de Prozac alimenticio.

Mientras que la humanidad discute sobre la conveniencia de medidas de protección frente al tabaquismo pasivo y sobre las posibilidades de reconversión del cultivo del tabaco, en la University of Central Florida han creado plantas de lechuga y de tabaco transgénicas que sintetizan precursores de la insulina. El logro ha sido publicado en la revista Plant Biotechnology Journal. 
A partir de enero de 2007 un grupo de científicos británicos probarán un nuevo páncreas artificial en niños enfermos de diabetes mellitus tipo 1. El objetivo es mejorar el control del nivel de glucosa en sangre para mejorar la calidad de vida dde los pacientes, que no requerirían continuos pinchazos e inyecciones.