6. ARTE.
Muchos de nosotros tenemos la necesidad imperiosa de escribir, pintar, moldear, dibujar, esculpir, fotografiar, filmar películas, bailar… ¡incluso escribir un blog! Y los que no sienten esta imperiosa necesidad, entonces necesitan por igual consumir y disfrutar de las obras de arte de los demás.
El arte, básicamente, funcionaría de la misma manera que la cola de un pavo real. Como un rasgo sexualmente atractivo (¿por eso le doy tanto a la tecla?). Aunque para tener una explicación más completa del arte, a la necesidad de atraer al sexo contrario también habría que añadir que el arte es una capacidad para adaptarse socialmente. Además, biológicamente nuestro cerebro está diseñado para encontrar ciertas imágenes más bellas, sobre todo las que guardan determinadas proporciones y muestran una mayor simetría.
O que resultan adaptativas: como el paisaje amplio y luminoso desde el interior de una cueva (un lugar en el que nos sentimos protegidos y tenemos una panorámica del exterior a fin de poder detectar cualquier atisbo de amenaza.

En la entrega anterior de este artículo sobre el talento innato habíamos descubierto que, gracias a los experimentos de Ericsson, no era fácil encontrar músicos natos, ni tampoco músicos torpes que, trabajando y esforzándose más que nadie, no llegaran a ser talentosos.
Todos asociamos el éxito de una persona a una mezcla de trabajo duro y un especial don. Por ejemplo, Mozart sin duda debía de ser un niño especialmente dotado si compuso aquella música tan hermosa. Bill Gates también debía de ser una suerte de superdotado de las computadoras.
En la
Se ha escrito mucho sobre estética, sobre lo que nos parece bello o no, incluso los críticos de arte se atreven a determinar lo que es bello o no. Hay asignaturas en la universidad dedicadas exclusivamente a desgranar aspectos históricos, sociológicos y hasta psicológicos sobre la belleza.
Os decía en el artículo anterior que el futuro de la humanidad pasa por el diseño genético de los seres humanos. Algo que suena a frío, a película tipo
La gran noticia en la evolución humana reciente es la homogeneización a través de la inmigración y el entrecruzamiento. 
Así es. Los niños prefieren jugar con coches y las niñas, con muñecas, independientemente de queramos que sea de otra forma (entonces no será raro comprobar cómo el niño convierte a la muñeca en piloto de Fórmula 1 y la niña acuna al coche para que se duerma por las noches). Es algo intrínseco a nuestro sexo. Es algo biológico. Está más allá de la psicología o las buenas palabras de meapilas de lo políticamente correcto y de quienes, guitarra en mano, ya sabéis, dú-dúa, dicen que el sexo es una construcción social y que si unos padres homosexuales adoptan un niño, el niño acabará siendo también homosexual, o jugando a muñecas. 