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¿Por qué hacemos lo que hacemos? (y IV)

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6. ARTE.

Muchos de nosotros tenemos la necesidad imperiosa de escribir, pintar, moldear, dibujar, esculpir, fotografiar, filmar películas, bailar… ¡incluso escribir un blog! Y los que no sienten esta imperiosa necesidad, entonces necesitan por igual consumir y disfrutar de las obras de arte de los demás.

El arte, básicamente, funcionaría de la misma manera que la cola de un pavo real. Como un rasgo sexualmente atractivo (¿por eso le doy tanto a la tecla?). Aunque para tener una explicación más completa del arte, a la necesidad de atraer al sexo contrario también habría que añadir que el arte es una capacidad para adaptarse socialmente. Además, biológicamente nuestro cerebro está diseñado para encontrar ciertas imágenes más bellas, sobre todo las que guardan determinadas proporciones y muestran una mayor simetría.

O que resultan adaptativas: como el paisaje amplio y luminoso desde el interior de una cueva (un lugar en el que nos sentimos protegidos y tenemos una panorámica del exterior a fin de poder detectar cualquier atisbo de amenaza.

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Practica 10.000 horas para ser el mejor: el talento innato (y II)

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En la entrega anterior de este artículo sobre el talento innato habíamos descubierto que, gracias a los experimentos de Ericsson, no era fácil encontrar músicos natos, ni tampoco músicos torpes que, trabajando y esforzándose más que nadie, no llegaran a ser talentosos.

Ericsson concluyó que, una vez uno ha demostrado capacidad suficiente para ingresar en una academia superior de música, lo que distingue al intérprete virtuoso de otro mediocre es el esfuerzo que cada uno dedica a practicar.

Y algo más importante: los músicos que están en la cumbre no trabajan un poco más… trabajan muchísimo más.

El neurólogo Daniel Levitin lo expresa así en su libro El cerebro y la música:

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Practica 10.000 horas para ser el mejor: el talento innato (I)

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Todos asociamos el éxito de una persona a una mezcla de trabajo duro y un especial don. Por ejemplo, Mozart sin duda debía de ser un niño especialmente dotado si compuso aquella música tan hermosa. Bill Gates también debía de ser una suerte de superdotado de las computadoras.

Sin embargo, ¿y si en realidad no importara tanto el talento innato a la hora de sobresalir en alguna actividad? ¿Y si fuera verdad aquello de que cualquier trabajo es un 1 % de talento o suerte y un 99 % de transpiración?

Es evidente que el talento innato existe. No todas las personas nacen con las mismas disposiciones y habilidades naturales. Sin embargo, cada vez más experimentos psicológicos confirman que importa menos de lo que pensábamos el talento innato que el nivel de preparación.

¿Os gustaría ser estrellas del rock? ¿Grandes escritores? Es más fácil de lo que aparenta.

Uno de los estudios más famosos al respecto es el que llevó a cabo a principios de 1990 el psicólogo K. Anders Ericsson y dos de sus colegas en la elitista Academia de Música de Berlín.

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Estudios genéticos del genio: en busca de superhombres que salven el mundo (II)

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En la entrega anterior de este artículo os explicaba los orígenes de los Termitas, un grupo de personas intelectualmente superior que habría de liderar el mundo futuro a fin de convertirlo en un lugar mejor.

Pero los Termitas fueron un fracaso porque su fundador, Lewis Terman, no había reparado en un pequeño detalle. Que los logros extraordinarios obedecen menos al talento que a la oportunidad. Y que el CI no es el único factor que determina la genialidad de una persona.

Se han llevado a cabo numerosas investigaciones en una tentativa de determinar cómo el rendimiento de una persona en una prueba de CI se traduce en éxito en la vida real. Y se ha descubierto que la relación entre éxito y CI funciona sólo hasta cierto punto. Una vez se alcanza una puntuación de unos 120, el sumar puntos de CI adicionales no parece repercutir en una ventaja mesurable a la hora de desenvolverse en la vida real.

Una persona con un CI de 170 tiene más posibilidades de pensar eficientemente que una persona con un CI de 70. Pero una vez cruzado el umbral de 120, entonces las posibilidades se diluyen. El premio Nobel tiene tantas posibilidades de recaer en un CI de 130 como en un CI de 180.

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¿Por qué nos gustan las Superbellezas? (I)

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Se ha escrito mucho sobre estética, sobre lo que nos parece bello o no, incluso los críticos de arte se atreven a determinar lo que es bello o no. Hay asignaturas en la universidad dedicadas exclusivamente a desgranar aspectos históricos, sociológicos y hasta psicológicos sobre la belleza.

Pero hasta hace bien poco nadie se ha preocupado de estudiar la belleza desde el punto de vista de la epigenética. Hasta hace pocos años, ningún filósofo del mundo ha buscado las reglas epigenéticas que afectan a las artes con los métodos de las neurociencias y la psicología cognitiva.

Un estudio pionero en “bioestética” fue publicado en 1973 por la psicóloga belga Gerda Smets, que pidió a diferentes personas que contemplaran dibujos de varios grados de complejidad mientras ella registraba los cambios en las pautas de sus ondas cerebrales. Cuanto más desincronizadas están las ondas alfa, mayor es la excitación psicológica que los sujetos advierten de manera subjetiva.

Lo que Smets descubrió con esta serie de experimentos fue que existía un fuerte pico de respuesta cerebral cuando la redundancia (repetición de los elementos) en los dibujos era de alrededor del 20 %. Es decir, el orden equivalente que podemos encontrar en un laberinto sencillo, en dos vueltas completas de una espiral logarítmica o en una cruz de brazos simétricos.

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¿El ser humano sigue evolucionando? El futuro de la humanidad (y III)

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Os decía en el artículo anterior que el futuro de la humanidad pasa por el diseño genético de los seres humanos. Algo que suena a frío, a película tipo Gattaca. Sin embargo, la alternativa a esta situación aún os sonará peor.

Porque pensad en lo siguiente: con la llegada de la medicina moderna, cada vez se pueden moderar o evitar de forma deliberada más defectos hereditarios. La fenilcetonuria, por ejemplo, afectaba hasta hace pocos años a 1 de cada 10.000 niños con retraso mental grave. Ahora los médicos evitan completamente los síntomas al limitar la dieta de los niños fenilcetonúricos a alimentos libres de fenilalanina.

Es decir, que la gente usa el conocimiento científico para obtener un control consciente sobre su herencia. Pero la moderación de los efectos de los genes perjudiciales tiene una doble cara: los beneficios que se vayan acumulando habrán de pagarse con una dependencia creciente de procedimientos médicos pesados y con frecuencia caros.

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¿El ser humano sigue evolucionando? El futuro de la humanidad (II)

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La gran noticia en la evolución humana reciente es la homogeneización a través de la inmigración y el entrecruzamiento.

El gran salto se produjo cuando los europeos conquistaron el Nuevo Mundo y transportaron esclavos africanos a sus costas. La homogeneización tuvo una incidencia menor en el siglo XIX con la colonización europea de Australia y África. Y finalmente, con la expansión de la industrialización y la democracia (dos rasgos que favorecen que la gente se mueva y las fronteras sean más laxas), la homogeneización se ha disparado.

La tendencia es que este fenómeno se acelerará. Y que, además, será algo irreversible, aunque siempre existan algunos enclaves étnicos que, como la aldea de Asterix, resistirán numantinamente.

Las diferencias raciales irán cada vez a menos. El racismo, en consecuencia, también. También aumentará la gama de variaciones individuales dentro de las poblaciones y en toda la especie.

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Ligres y tigones

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Ligre

Hace unos años, un circo recorrió la geografía española promocionando el terrorífico ligre como uno de sus grandes atractivos. Según la publicidad, el tamaño y aspecto de este felino híbrido de león y tigresa eran sobrecogedores. Pero, ¿qué es exactamente lo que pasa al cruzar leones y tigres?

En primer lugar, hay que señalar que la existencia de estos híbridos siempre ha sido motivada por la intervención humana. Los tigres y los leones viven en hábitats distintos y sus hábitos de vida son también diferentes, así pues sería harto improbable que se diese un apareamiento natural entre ambos. El segundo dato reseñable es que el sexo de los progenitores influye en el resultado obtenido, como veremos a continuación.

Ligres

Un ligre es un cruce de un león macho y una tigresa. Los ligres tienen un aspecto fiero, como un gran león con rayas de tigre difuminadas. Pero su característica más destacada es su imponente tamaño. Pueden llegar a medir casi cuatro metros y pesar 400 kilos, lo que les convierte en los felinos más grandes sobre la faz del planeta.

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Los niños juegan con coches y las niñas, con muñecas

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Así es. Los niños prefieren jugar con coches y las niñas, con muñecas, independientemente de queramos que sea de otra forma (entonces no será raro comprobar cómo el niño convierte a la muñeca en piloto de Fórmula 1 y la niña acuna al coche para que se duerma por las noches). Es algo intrínseco a nuestro sexo. Es algo biológico. Está más allá de la psicología o las buenas palabras de meapilas de lo políticamente correcto y de quienes, guitarra en mano, ya sabéis, dú-dúa, dicen que el sexo es una construcción social y que si unos padres homosexuales adoptan un niño, el niño acabará siendo también homosexual, o jugando a muñecas.

Me da la risa locuela cuando oigo cómo algunos sostienen que no podemos estar determinados en tal grado por nuestros genes, sin advertir que su alternativa (estar determinados socialmente, culturalmente) es igualmente una determinación, si acaso más maquiavélica.

Los videojuegos no nos vuelven más agresivos; la influencia de nuestros padres en nuestra forma de ser es prácticamente nula (exceptuando la herencia genética); el sexo viene de serie. Son cosas que poco a poco estamos descubriendo. Que los genes nos predestinan a una escala que Calvino nunca imaginó, que los genes superan al horóscopo y a la bola de cristal, y que ninguna teoría de causalidad humana, freudiana, marxista o cristiana ha sido nunca tan precisa como ahora se revela el alfabeto genético.

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El par de cromosomas que nadie contó

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Somos simios, un grupo que casi se extinguió hace quince millones de años compitiendo con los monos mejor diseñados. Somos primates, un grupo de mamíferos que casi se extinguió hace cuarenta y cinco millones de años compitiendo con los roedores mejor diseñados. Somos tetrápodos sinápsidos, un grupo de reptiles que casi se extinguió hace doscientos millones de años compitiendo con los dinosaurios mejor diseñados. Descendemos de peces con patas que casi se extinguieron hace trescientos sesenta millones de años compitiendo con los peces de aletas radiadas. Somos cordados, un filo que sobrevivió por los pelos a la era cámbrica hace quinientos millones de años compitiendo con los artrópodos, brillantes triunfadores. Nuestro éxito ecológico se dio a pesar de todos los factores en contra.

Son las palabras de Matt Ridley en su fabuloso libro Genoma.

La criatura con el cerebro más grande del mundo en proporción a su cuerpo fue probablemente nuestro antepasado, un simio. En ese instante, hace 10.000 millones de años, seguramente existían dos especies de simio en África, aunque cabe la posibilidad de que existieran más.

Uno era el gorila y la otra el antepasado común del chimpancé y el ser humano. Todo esto lo sabemos gracias a los genes, que son como un registro de nuestra historia biológica.

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