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Conferencia espectáculo de Neuromagic hoy en Redondela (Pontevedra)

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Como ya os expliqué aquí hace un tiempo, Randall James Hamilton Zwinge es la pesadilla de los magufos y los practicantes de la pseudociencia. Y es que, por su culpa, se ofrece un dotación de un millón de dólares para aquél que demuestre tener habilidades sobrenaturales.

Si estáis hoy por Galicia, podréis conocer a James Randi de cerca. Y es que se celebra, a las 19:00, en el Auditorio da Xunqueira en Redondela, la Conferencia espectáculo de Neuromagic en Redondela (Pontevedra). Completamente gratuita.

Además, también podréis disfrutar de la neurociencia de la magia de la mano de Susana Martínez Conde y asistir al espectáculo de Apollo Robbins.

Vía | Amazings

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[Libros que nos inspiran] ‘¿Esto es paranormal? Por qué creemos en lo imposible’ de Richard Wiseman

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esto-es-paranormal-9788492981540.jpgEste es un libro de un escéptico dirigido a mentes escépticas. O, al menos, lo que trata de hacer Richard Wiseman es desmontar algunas pseudociencias que están enquistadas en la sociedad.

Por ello ¿Esto es paranormal? Por qué creemos en lo imposible ha suscitado artículos como Un millón para que el tenga superpoderes, Hipnosis: ciencia o pseudociencia y ¿El alma pesa 21 gramos?

Richard Wiseman, investigador y profesor de Psicología en la Universidad de Hertforshire, ha conseguido con ¿Esto es paranormal? no solo explicar de forma muy amena y documentada la razón de que creamos en tantas supercherías y cuáles son las explicaciones científicas que las echan por tierra, sino que, además, usa ese mismo conocimiento para enseñarnos a aplicarlo de forma práctica, como ilusionistas o magos. Así pues, estamos ante un libro doble: de divulgación y de magia aplicada.

Por si esto fuera poco, el libro incorpora una novedad que yo nunca había visto antes en un ensayo de divulgación. En varias partes de la obra encontraremos esa especie de códigos de barras y puntos, etiquetas QR, que permiten acceder a cortometrajes y secuencias de audio simplemente enfocándolos con nuestro smartphone.

Editorial RBA
Colección RBA PRACTICA
ISBN: 9788492981540
288 páginas

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Un millón para que el tenga superpoderes

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lg5vz.pngCon su aire bonachón de Papa Noel, Randall James Hamilton Zwinge en realidad es la pesadilla de los magufos y los practicantes de la pseudociencia. Y es que, por su culpa, se ofrece un dotación de un millón de dólares para aquél que demuestre tener habilidades sobrenaturales. Sí, es mucho dinero… pero implica tener que “demostrar”, algo que no están acostumbrados a hacer los que dicen tener habilidades sobrenaturales.

Nacido en Toronto en 1928, adoptó el nombre artístico de The Amazing Randi (James, el asombroso Randi) para dedicarse a la magia y el escapismo profesional, aunque siempre con cierto resquemor hacia los magos que en realidad vendían sus “trucos” como fenómenos reales. La razón de este resquemor le nació con apenas 15 años, tal y como cuenta Richard Wiseman en su libro ¿Esto es paranormal?:

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Sue Blackmore: una creyente acérrima que se volvió escéptica acérrima

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blackmores.jpgSue Blackmore era estudiante de la Universidad de Oxford, por allá 1970. Entonces sentía un profundo interés por los temas paranormales, sobre todo a raíz de una experiencia personal con el mundo sobrenatural.

La experiencia fue con una tabla Ouija (y algunas caladas de marihuana). Fue entonces cuando Sue sintió que salía de su cuerpo, flotaba hasta el techo, volaba por toda Inglaterra, cruzaba el Atlántico y se daba una vuelta por Nueva York. Con experiencias como ésa, pocos hubieran podido resistirse a caer en las garras de la superstición.

Así que Sue se sacó el título de brujería blanca y se dedicó a tiempo completo a la parapsicología, tal y como explica Richard Wiseman en su libro ¿Esto es paranormal?:

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Los tres puntos escépticos de Rusell que podrían revolucionar la vida humana

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tetera_de_russell.jpgBertrand Russell (1872 – 1970) fue un filósofo, matemático y escritor británico. Y, sobre todo, fue un gran escéptico.

Por ejemplo, fue el creador de la analogía llamada la Tetera de Rusell, cuya función era desacreditar la creencia en cosas que no podían falsarse. Otra versión más actual de la misma es la religión del Monstruo de Espagueti Volador.

Así describe el propio Rusell su tetera:

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Crédulo y escéptico: ¿Cómo se lo montó Darwin para presentar en público sus ideas revolucionarias?

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evolucion-darwin_charles-biologo.jpgCharles Darwin tuvo que presentar una teoría que iba en contra de todo lo conocido, sin embargo, lo hizo de forma inmejorable. A pesar de las burlas y los levantamientos escépticos de cejas, Darwin supo gestionar muy bien su nueva idea revolucionaria, basculando entre el escepticismo y la credulidad.

Las ideas nuevas en ciencia, sobre todo si constituyen un cambio de paradigma, suelen tener difícil salida porque enseguida, ejércitos de escépticos, no tardarán en derribarla simplemente porque se aparta demasiado de lo conocido. Por el lado contrario están los crédulos, que son capaces de tragarse cualquier cosa sin un mínimo de espíritu crítico. Y eso tampoco es bueno, sobre todo cuando la idea presentada es errónea.

Pero Darwin consiguió moderar la actitud escéptica y crédula de la comunidad presentando su pensamiento bajo tres premisas que han sido identificadas por el historiador de la ciencia Frank Sulloway:

1. Respetaba la opinión de los demás, pero pretendía desafiar a la autoridad (comprendía la teoría de la creación especial pero la desbancó con su propia teoría de la selección natural.

2. Prestaba atención a las pruebas negativas. Incluso, en su libro El origen de las especies, incluyó un capítulo titulado “Dificultades de la teoría”. Es decir, que los escépticos poco podían criticar cuando el propio Darwin ya lo había hecho.

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La moda de rechazar la medicina oficial está provocando que enfermedades casi erradicadas como el sarampión vuelvan a ser un problema

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Como ya os señalaba en La inmoralidad de profesar una fe (I) y (yII), una persona que sostiene una fe irracional no sólo puede ser altamente perjudicial para sí mismo, sino también para los demás. La idea de respetar todas las creencias es una estupidez: si se respetaran todas las creencias, también debería respetarse el no respetar determinadas creencias. O incluso deberíamos respetar ideas como el nazismo.

Las ideas deben someterse a continuo escrutinio, y las ideas que no pueden ser sometidas a ese escrutinio (el cual incluye crítica, mofa, befa y todo lo demás), directamente deberían ser erradicadas de la sociedad. O pasan cosas como las que están pasando con el sarampión.

Bajo el lema de El niño es mío y si quiero lo mato; y si se lleva por delante a medio colegio, no es asunto mío, muchos padres no sólo se aferran a ideas basadas en la fe irracional o dogmática, no sólo pretenden que se les respete esa clase de fe, sino que incluso no tienen suficiente con contaminar el cerebro de los niños con las ideas: tampoco tienen ningún problema en contaminar su cuerpo.

Por ello el sarampión y la rubeola, que ya se consideraban enfermedades casi erradicadas, vuelven a estar en la picota. La enfermedad crece en España ayudada por grupos que no vacunan a sus hijos por ideología: los 1.300 casos de 2011 multiplican por cinco los de 2010. Los que se niegan a vacunar a sus hijos no son solo población marginal o intelectualmente pobre: también son familias bien formadas que secundan estilos de vida pretendidamente naturalistas y que rechazan los productos de la industria farmacéutica como gesto de militancia.

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Algunos pensamientos de científicos escépticos (y VII)

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Diversos estudios demuestran que los científicos, a medida que incrementan sus conocimientos y su excelencia, se apartan de las sendas más trilladas de la fe o directamente se adscriben al ateísmo (o a un deísmo inocuo o a un panespiritualismo incompatible con las religiones tradicionales, como señala el físico Alan Sokal).

Entre los miembros de la Academia Nacional de Ciencias, la creencia en Dios se desploma a un 7 %. Un 72 % no cree en Dios. Y un 21 % es agnóstico.

Lo que sucede es que públicamente resulta controvertido declararse como ateo (en EEUU, sería impensable, por ejemplo, ateísmo y presidencia de la nación). De manera que los científicos que se ganan la vida con su imagen pública no suelen ser demasiado taxativos en sus opiniones. Pero en encuestas privadas, los datos apuntan algo muy distinto.

Decía Thomas Szasz, profesor emérito de psiquiatría en la Universidad de Siracusa en Nueva York, que “Si le hablas a Dios estás rezando; si te responde tienes esquizofrenia“.

Lo cual me lleva, para concluir esta serie de artículos, a uno de mis fragmentos favoritos corresponde a Richard Dawkins, biólogo evolutivo educado en la Universidad de Oxford, que emplea la siguiente analogía con una droga inventada llamada geriniol:

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Algunos pensamientos de científicos escépticos (VI)

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El siempre taxativo Steven Weinberg, premio Nobel de Física, sostiene: “La religión es un insulto para la dignidad humana. Con o sin ella, habría buena gente haciendo cosas buenas, y gente malvada haciendo cosas malas, pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta religión.”

James Randi, (que cree que El Mago de Oz “es más creíble y más divertido” que la Biblia) creó en 1996 la Fundación Educativa James Randi (JREF). Esta organización intenta examinar las afirmaciones paranormales en condiciones controladas de experimentación.

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Algunos pensamientos de científicos escépticos (V)

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La visión mayoritaria dentro de la escuela atea es que la existencia de dios no se puede demostrar ni refutar, y que por consiguiente la postura teísta cae por su propio peso, puesto que sus defensores deben afirmar que saben más de lo que puede saber nadie (no solo sobre la existencia de un creador, sino sobre lo que piensa del sexo, la alimentación, la guerra y otros temas).

Quizás en un exceso de atrevimiento, Victor Stenger plantea el argumento de que ahora ya sabemos lo suficiente para desechar por completo la hipótesis de dios:

Sin embargo, la ciencia sabe mucho más de lo que cree la mayoría de la gente. Por mucho que se hable de “revoluciones científicas” y “cambios de paradigma”, las leyes básicas de la física siguen siendo esencialmente las mismas que en la época de Newton. Se han ampliado y revisado, por supuesto, sobre todo con las aportaciones del siglo XX sobre la relatividad y la mecánica cuántica, pero cualquier conocedor de la física moderna deberá reconocer que algunas bases, especialmente los grandes principios de conservación de la energía y el momento, no han cambiado en cuatrocientos años. Los principios de conservación y las leyes del movimiento de Newton siguen presentes en la relatividad y la mecánica cuántica. La ley de la gravedad de Newton todavía se usa para calcular las órbitas de las naves espaciales.

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