Os voy a confesar un pequeño secreto: siento devoción por las enciclopedias. Me gusta pasar sus páginas y quedarme horas contemplando sus fotografías, dibujos y definiciones. Me gusta aprender palabras raras o descubrir nombres sobre cosas que creía que solo existían en novelas de fantasía.
También siento especial admiración, por supuesto, por la que creo que fue la enciclopedia que cambió el mundo: Enciclopedia de Diderot y D´Alembert (1751-1765): por primera vez en la historia, prevaleció la razón y la objetividad por encima de la Iglesia y la Corona; el pensamiento libre y secular, por encima de la narración de santos. Una monumental obra enciclopédica que acabó teniendo 27 volúmenes compuestos por 72.000 artículos, 16.500 páginas y 17 millones de palabras, y en la que participaron en mayor o menor medida las mentes más preclaras del momento, como Voltaire o Rousseau.
Bucear en enciclopedias también te permite descubrir perlas como las que siguen, las que posiblemente seas las enciclopedias más raras de la historia.
Por ejemplo, las primeras enciclopedias tenían una obsesión desmedida por clasificar las cosas que nos rodeaban. El máximo exponente de esta obsesión por clasificar el mundo es Historia natural de Plinio el Viejo, que se mantuvo como fuente de autoridad del conocimiento universal hasta bien entrado el siglo XVI.

Este texto de Phillipp Blom sin duda emocionará a los que, como yo, consideran la razón un triunfo y la Ilustración la mayor zancada intelectual y científica del ser humano.
Una de las tramas de ciencia ficción que, a priori, más me seduce es el de la humanidad topándose con una especie de enciclopedia galáctica o reservorio de conocimientos extraterrestres en el que poder bucear caprichosamente. Tal vez la saga de novelas que mejor explota este concepto sea
Estamos acostumbrados a que nos informen de cuál es el ranking de búsquedas en Google y similares, pero ¿qué es lo más buscado en una herramienta, digamos, más orientada al conocimiento como es la enciclopedia colaborativa Wikipedia?
E. O. Wilson, gran experto en hormigas y creador del término “biodiversidad”, es también el impulsor del gran proyecto Enciclopedia de la Vida. Algo así como el Libro Gordo de Petete de los biólogos. El mayor compendio de conocimiento sobre la vida jamás realizado.