
Además de ser el centro de atención de prensa rosa y demás curiosos, Reino Unido, es el país que más leyes medioambiental tiene en vigor, con un total de 22, según un estudio publicado por Globe International sobre las 16 principales economías del mundo. Por el contrario Sudáfrica es el que menos, sólo una.
El secretario general de dicha organización, Adam Matthews, explicó en rueda de prensa que si bien el número de leyes ambientales no es sinónimo de su ambición y calidad, sí da una idea sobre la concienciación a la hora de luchar contra el calentamiento global.
Globe International considera, no obstante, que la legislación actual sigue insuficiente para impedir que el cambio climático sea peligroso y recalca que sólo se logrará un acuerdo internacional para detener este fenómeno si cada país es también responsable a escala nacional, o sea, cada granito de arena cuenta y mucho.





Sobre nuestras cabezas existen multitud de ojos electrónicos, omnipresentes ojos orwellianos que vigilan, detectan y miden toda clase de fenómenos a fin de esclarecer las consecuencias del cambio climático.
Otra consecuencia del cambio climático (o de esa cosa que está pasando, para no ofender la sensibilidad de los escépticos) es que los icebergs se van de viaje. Ya ocurrió en el 2006, pero ahora el viaje ya tiene aires de caravana de elefantes que se dirigen al cementerio.
El presidente José Montilla, en un acto celebrado ayer por la tarde en el Palau de la Generalitat, entregó el premio Ramón Margalef de ecología, dotado con 100.000 euros, a uno de los biólogos más polémicos desde hace 40 años: Paul Ehrlich.