
Hace unos meses nos llegaba la señal de alarma por la sospechosa desaparición de multitud de colonias de abejas.
Ya no se trata de pesticidas, ni de la contaminación, ni del cambio climático, por lo visto el uso masivo de teléfonos móviles puede ser uno de los culpables de la trágica desaparición de cientos de millones de abejas en todo el mundo.
Daniel Favre, investigador del Instituto Federal de Tecnología de Suiza, acaba de publicar un estudio en el que demuestra que las señales emitidas por los teléfonos móviles durante una conversación son capaces de desorientar a las abejas.
Favre ha realizado hasta 83 experimentos diferentes para comprobar y medir la reacción de las abejas ante la presencia de un móvil en funcionamiento.


Con el ánimo de demostrar que la realidad es generalmente más interesante que la ficción, empezamos hoy esta larga serie de singularidades extraordinarias de animales ordinarios. O lo que es lo mismo: la demostración de que, si sabemos mirar, el mundo natural es mucho más fascinante y extraño que el descrito en los bestiarios medievales o en las novelas de fantasía.
Para aliviar un poco los rigores de esta semana veraniega, vayamos a por un post ligero y refrescante. Preparad la saeta robinhoodiana y apuntad a la manzana que hay sobre la cabeza de aquel incauto, porque hoy sólo vamos a hablar de curiosidades intrascendentes sobre las manzanas:
A finales de marzo recogíamos la noticia de la desaparición, sin causa aparente, de miles de abejas en EEUU, un fenómeno que se ha repetido en todo el mundo.
En EEUU han desaparecido, sin motivo aparente, millones de abejas. El problema es tan grave que va a debatirse en el Congreso. Tras las últimas navidades, apicultores del Estado de Florida denunciaron las primeras desapariciones. Desde entonces, el fenómeno que se ha bautizado como “Problema del Colapso de las Colonias”, está afectando a una cuarta parte de los enjambres del país, en 30 estados.