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Antes malditos, ahora buenos

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La idea de que la dieta puede mejorar la salud es muy antigua. En el siglo IV A.C., el físico griego Hipócrates recomendaba a sus contemporáneos:

Deja que la comida sea tu medicina, y tu medicina la comida

El principio sigue vigente, aunque el problema surge cuando se pretende concretarlo en una dieta saludable. ¿Qué es lo saludable?

Creo no tener la respuesta, o mejor dicho, con seguridad no puedo decirlo. Existen épocas en la que hay alimentos muy buenos y otros malos, no hay una sentencia fija. Mejor ir picando de todo un poco.

Aquí os traigo a los condenados del pasado, que hoy en día parece que no son tan malos.

El huevo

Hasta hace poco se decía que su riqueza en colesterol era una bomba contra las arterias. Pero lo cierto es que solo un 3% del que ingerimos por medio de la dieta se convierte en colesterol sanguíneo. Así que podemos comer un huevo diario sin temor alguno. Además, el pigmento de la yema protege contra la degeneración macular asociada a la edad.

El café

A partir de este momento, la recomendación será:

Café para (casi) todos

Tomar entre dos y tres tazas al día reduce el riesgo de sufrir párkinson, diabetes, cáncer de cólon, cálculos de vesícula y cirrosis hepática. Unos 20 mil estudios han hallado más beneficios que perjuicios, aunque embarazadas, hipertensos e insomnes deben limitar su consumo.

El vinagre

Antes se decía que provocaba anemia y se recomendaba eliminarlo de la dieta. Hoy se sabe que dos cucharadas de vinagre antes de comer pueden reducir los picos de insulina que se producen después de las comidas en los diabéticos. Los efectos son similares a los de un fármaco como la metamorfina.

El ketchup

A saber qué llevará eso

Nos decían para disuadirnos de su consumo. Pues es un cóctel de vitaminas A, C, B y K, y de minerales: calcio, hierro y potasio. Pero sobre todo, tiene licopeno, el pigmento que da el color rojo al tomate, que mantiene jóvenes nuestras células y previene el tumor de próstata.

Las especias

Los fitoquímicos (compuestos protectores) que contienen sirven para casi todo. El jengibre protege a nuestro corazón, como la aspirina, y reduce el dolor de la artritis. La canela regula los niveles de azúcar y de colesterol del organismo. Y la capsaicina que hace picante a la guindilla tiene un poderoso efecto analgésico. Sí, también pica.

El vino

Un estudio de la Universidad de Harvard que siguió durante 12 años a 38 mil personas en Francia comprobó que el vino estaba relacionado con una menos incidencia de infartos, siempre y cuando se tomara poco y regularmente. El consumo excesivo aumenta el riesgo hepático y renal.

El chocolate

Tiene 300 sustancias psicoactivas, como la feniletilamina, relacionada con la sensación de bienestar. Cuanto más negro sea el chocolate, menos grasas tiene (por eso se limitaba su consumo antes) y más cacao, el alimento con más antioxidantes. Además, es muy rico en magnesio, que interviene en los mecanismos de inflamación de las arterias.

El Marisco

¡Cuantísimo placer se han perdido algunos por miedo al aumento de colesterol! Era un temor infundado, porque lo que sube es el colesterol bueno (HDL), que mantiene a raya al malo (LDL). Pero además, tiene zinc, que regula la grasa corporal, por lo que mejora el acné, previene la caspa y la caída del pelo. El zinc también se recomienda para la fertilidad; así que, si buscas un niño para Reyes... ya sabes.

Seguramente me deje algún pobre alimento juzgado y condenado, pero sin duda éstos han pasado por el calvario para ser (por fin) absueltos.

Y hablando de absueltos, ¿lo serán algún día las grasas trans? El tiempo lo dirá.

Vía | Quo

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