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Vendiendo aire alemán para financiar la investigación científica

Vendiendo aire alemán para financiar la investigación científica
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A los que venden lujo inane o postureo se dice que venden humo. Pero si existen vendedores de humo es porque a la gente le encanta el humo. También hay quienes venden un lujo inalcanzable, como César Ritz, que acabó creando una serie de hoteles tan caprichosos que provocaría urticaria en cualquier mileurista: ni siquiera permitían entrar a hombres sin corbata.

Incluso hay quienes venden tierra o agua porque aseguran que ha sido bendecida de algún modo por su dios.

En la época victoriana, sin embargo, se embotelló aire alemán y se atravesó con él las aduanas, pero no precisamente para comerciar con él, sino para permitir el avance de la química sin un coste demasiado elevado.

Gay-Lussac
La historia la protagonizó el químico francés Joseph-Louis Gay-Lussac, uno de los químicos más importantes de la historia. Para llevar a cabo sus experimentos, sin embargo, requería de unos vasos de reacción de paredes tan finas que sólo podían adquirirse en Alemania, que era donde residían los mejores sopladores de vidrio.

El problema es que importar todos esos recipientes acarreaba el pago de caros aranceles en las aduanas francesas, de modo que el problema fue subsanado con un poco de ingenio del ayudante de Gay-Lussac: Alexander von Humboldt. Tal y como explica Gregorio Doval en Fraudes, engaños y timos de la historia:

Dio instrucciones a los sopladores de vidrio alemanes de que sellaran los cuellos largos de los recipientes y pusieran una etiqueta en cada envase: “Manejar con cuidado – Aire alemán”. Los aduaneros no tenían instrucciones respecto a cómo tasar con aranceles el “aire alemán”, de modo que dejaron pasar el envío. Humboldt y Gay-Lussac cortaron los extremos de los recipientes sellados y continuaron los experimentos.

Sí, aire alemán para financiar la investigación científica... suena ciertamente irónico, en los tiempos que corren. Y gracias a la idea de Humboldt, o en parte, al menos, Gay Lussac fue el descubridor de la Ley de Charles-Gay Lussac.

Formulada en 1802, manifiesta que para una cierta cantidad de gas a una presión constante, el volumen del gas es directamente proporcional a la temperatura de dicho gas. Y para una cierta cantidad de gas a un volumen constante, la presión del gas es directamente proporcional a su temperatura.

Por su parte, Humboldt tampoco se quedó atrás, porque alcanzó la mayor altura alcanzada por un europeo en la historia escrita. Hacia el comienzo del siglo diecinueve se consideraba al Chimborazo como la montaña más alta del planeta. Esta reputación llevó a muchos intentos por conquistar su cima, especialmente durante los siglos XVII y XVIII. En 1802, Humboldt, acompañado de Aimé Bonpland y el ecuatoriano Carlos Montufar intentó subir hasta la cumbre, pero tuvo que volver a 5.875 m a causa del mal del altura.

Se atribuye a Humboldt la invención de nuevas expresiones, como isodinámicas, isotermas, isoclinas, Jurásico y tempestad magnética. Desarrolló las bases de la geografía física, la geofísica y la sismología. Demostró que no puede haber conocimiento científico sin experimentación verificable.

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