Ponernos en la piel de los demás no sirve para eliminar los prejuicios: es mucho más eficaz hablar con ellos

Ponernos en la piel de los demás no sirve para eliminar los prejuicios: es mucho más eficaz hablar con ellos
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La investigación al respecto sugiere que tratar de "ponerse en el lugar de otra persona" simplemente imaginando cómo es la vida de los demás no suprime o debilita los prejuicios, ni tampoco cambia la mentalidad, sino que en realidad uno puede aumentar la resistencia al otro, amplificando la dicotomonía Ellos/Nosotros.

Tal y como describe Adam Grant en su último libro Think Again, a lo largo de veinticinco experimentos se demostró que imaginar las perspectivas de otras personas no sirvió obtener conocimientos más precisos de los demás y, en ocasiones, hizo que los participantes se sintieran más seguros de sus propios juicios inexactos, de sus prejuicios.

Dicho de otro modo: no podemos imaginar lo que no sabemos. Si queremos empatizar o confraternizar con los demás, debemos entenderlos, y si queremos entenderlos, tenemos que hablar con ellos.

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Tribalismo, comercio e interacción

Cuanto mayor sea la distancia entre nosotros y un adversario, más probabilidad tenemos de simplificar demasiado sus motivos reales e inventar explicaciones que se alejen mucho de su realidad. Lo que funciona no es la toma de perspectiva, sino la búsqueda de perspectiva: hablar con la gente para comprender los matices de sus puntos de vista.

Eso es lo que hacen los buenos científicos: en lugar de sacar conclusiones sobre las personas basándose en pistas mínimas, prueban sus hipótesis entablando conversaciones, interaccionando, comprobando, evaluando.

Lo mismo opinaba el gran pensador de la Ilustración y estudiante de John Locke, Anthony Ashley Cooper, a quien le gustaba señalar que un estado verdaderamente liberal permite que hombres libres se acerquen unos a otros a través de la conversación y el comercio, dando lugar a la así sociedad civil. De esta interacción surge la convivencia y la comprensión, o al menos la tolerancia hacia los pensamientos y hasta cosmovisiones ajenas:

Toda la cortesía se debe a la libertad. Nos pulimos unos a otros, y borramos nuestras esquinas y nuestros lados ásperos mediante una especie de colisión amistosa. Restringir esto es inevitablemente herir el entendimiento de los hombres. Es una destrucción de la civilización, la buena crianza e incluso la caridad en sí misma, con el pretexto de mantenerla.

Ejemplos de ello han tenido lugar en núcleos urbanos donde ha habido mucho comercio internacional, como son las ciudades con grandes puertos marítimos. Un caso paradigmático es el de Ámsterdam, una especie de Silicon Valley del 1600 que favoreció la forja de una de las sociedades más tolerantes y abiertas del mundo, como podéis ver a continuación:

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