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Hay que cambiar de opinión aun a riesgo de que te acusen de veleta o chaquetero

Hay que cambiar de opinión aun a riesgo de que te acusen de veleta o chaquetero
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Si hace demasiado tiempo que no has cambiado de opinión, tienes una vida poco interesante a nivel intelectual o no te caracterizas por ser epistémicamente hambriento.

Si nunca has cambiado, es que siempre estuviste en lo correcto. Pero no es así. Lo más probable es que no. A nivel ideológico te encuentras como si a nivel nutricional aún estuvieras tomándote el Pelargón.

La navaja multiusos

Básicamente, eso sucede porque hay demasiados datos en el mundo (sería raro que ya los conocieras todos) y, además, estos datos son en gran parte cambiantes, se actualizan. Y más aún: los datos que tienes pueden servir para resolver determinadas situaciones, o abordar algunos problemas espinosos, pero basta con que cambie alguna variable para que esos datos ya no resulten tan útiles.

En ese sentido, tener una ideología es un camino seguro a estar en lo incorrecto, porque la ideología es lo más parecido a un prejuicio para detener el pensamiento, la búsqueda, la investigación, la reflexión y, sobre todo, la capacidad de ponerse en la piel del adversario ideológico.

Una ideología debería parecerse lo máximo a una navaja multiusos: cada herramienta, de las decenas que pueden desplegarse, corresponde a un conjunto de recetas. Cada herramienta sirve para una cosa distinta. Cada problema y cada contexto en el que encontremos el mismo problema requiere una herramienta distinta. Ser capitalista o anticapitalista, por ejemplo, son dos herramientas distintas.

Escepticismo pirrónico

Los antiguos filósofos ya se enfrentaban a este problema adoptando formas de pensamiento que, por sistema, fueran en contra de todo, buscaran las costuras a cualquier afirmación, tuvieran miedo de abrazar con demasiada convicción cualquier idea, por muy bonita, elevada o verdadera que se nos antojara.

Eso es básicamente lo que cultiva el llamado escepticismo pirrónico. Es una corriente filosófica basada en la duda, representada en la escuela por el filósofo griego Pirrón, quien decía que "no afirmaba nada, solo opinaba". Así, se pronuncia en contra del pensamiento dogmático. Los Pirrónicos (o Pirrónicos) pueden subdividirse en aquellos que son efícticos (una "suspensión del juicio"), zeéticos ("que se dedican a buscar") o aporéticos ("que participan en la refutación").

Pirrón Pirrón

Pirrón no dejó nada escrito, pero a él se le atribuyen frases como:

  • Nunca llegarás a conocer la verdad.
  • No digas "así es", sino "me parece que es".
  • La diversidad de opinión existe entre sabios igual que entre ignorantes. Cualquier opinión que yo tenga puede ser repudiada por personas igual de listas y preparadas que yo, y con argumentos tan válidos como los míos.

Esta filosofía escéptica es también el origen del trilema de Münchhausen o trilema de Agripa: cualquiera que sea la manera en que se justifique una proposición, si lo que se quiere es certeza absoluta, siempre será necesario justificar los medios de la justificación, y luego los medios de esa nueva justificación, etc. Esta simple observación conduce a una de las siguientes tres alternativas: ​Una regresión infinita de justificaciones, Un corte arbitrario en el razonamiento o Una justificación circular.

Habida cuenta de todo ello, el cambio de opinión debería ser una posición loable, salvo que de forma muy evidente se haya realizado a favor de las mayorías, por populismo o demagogia, por escamotear un castigo o para obtener rédito de algún tipo. Expresiones como veleta y chaquetero, pues, deberían condenarse al ostracismo en nuestros diccionarios. Consigas del tipo "yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré", deberían ser relegadas a la categoría de estultas.

Naturalmente, esto acarrea otro problema no menos importante: nuestros cambios de opinión pueden deberse al estudio y la reflexión o a las modas o las corrientes de pensamiento, incluso al mero capricho. En tal caso, podemos resumirlo todo en un mismo punto, elevando el nivel: hay causas exógenas que te incitan a cambiar de opinión como también necesariamente habrá causas exógenas que te incitan a no cambiar de opinión... así que hagas lo que hagas lo haces por razones ajenas a ti. Ergo, resultan hasta cierto punto irrelevantes porque no se pueden discriminar fácilmente unas de otras.

  • Resumen: una causa exógena moldeó tu opinión (correcto, bien, aplaudible).
  • Cororalio: es mejor ser contaminados por unos virus frente a otros, pero es difícil escoger.
  • Apotegma: que el virus que te infecta sea para cambiarte y no para fosilizarte, a poder ser, porque es mucha casualidad que acabes en lo cierto la primera vez. Y la segunda.
  • Contraindicación: ¿cuál es el momento procesal oportuno para cambiar la opinión "hay que cambiar de opinión aún a riesgo de que te acusen de veleta o chaquetero"?
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