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¿Por qué seguimos teniendo hijos si el mundo está hecho unos zorros? (y II)

¿Por qué seguimos teniendo hijos si el mundo está hecho unos zorros? (y II)
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En la anterior entrega de este artículo abordábamos el problema de la superpoblación confrontándola con la necesidad de la gente de seguir teniendo hijos, a pesar de todo.

Pero ¿es un camino tan suicida como parece? ¿Qué soluciones podemos aplicar si la gente no parece dispuesta a aceptarlas?

A más personas, más personas resolviendo el problema

Una idea revulsiva para atajar la superpoblación consiste en agravar el problema. Ahora la superpoblación resulta gravosa para el planeta, pero aún no hemos visto nada. Cuando los chinos, por ejemplo, empiecen a vivir bajo los estándares estadounidenses, los recursos empezarán a menguar a una velocidad realmente alarmante.

Este apremio podría funcionar como acicate para que muchas más mentes se pongan a funcionar para resolver el problema de la superpoblación. ¿Cómo? Pues quizá incrementando los recursos, como ya explicábamos en Los recursos naturales son finitos, pero el ingenio humano no lo es tanto: sacando de donde no hay.

Es un camino pedregoso porque dependeremos el ingenio humano, de la innovación colectiva, del azar, y de que realmente exista una solución viable a nuestros aprietos. Quizás encontremos algún muro insalvable. Quizá necesitemos más mentes trabajando en el problema de las que podamos disponer. Pero siempre hemos vivido, por lo general, al filo de la navaja, y siempre parece que hemos salido adelante (y la gente ha seguido teniendo hijos, incluso más antes, en condiciones más inquietantes que ahora). Por simple inercia, deberíamos confiar en ello.

Además, ¿de qué otra forma alcanzaremos realmente las estrellas si es que no nos vemos obligados por las circunstancias en forma de superpoblación y necesidad de recursos?

En ese sentido, tener hijos sería la mejor forma de invertir en investigación científica.

Regulación espontánea

Otra fuerza que podría aliarse contra el problema es la regulación espontánea. Parece que hoy tenemos menos hijos que antes porque no hay tantos riesgos de que mueran. Es decir, las familias son numerosas por lo general cuando la probabilidad de que mueran algunos miembros es elevada: de este modo, la familia sobrevivirá, después de todo. Pero si la probabilidad de supervivencia es alta, los padres suelen preferir tener pocos hijos a fin de invertir más recursos en ellos.

Es decir, la prosperidad podría autorregular la natalidad en el futuro, sobre todo en los países, como Chad, donde tener familias numerosas es lo frecuente.

Si esta fuerza es demasiado poderosa, anulará la anterior, la que nos propulsaría a la innovación y a la conquista de nuevos finisterres. Pero quizá ambas funcionen en equilibro, a fin de que el camino hacia la superpoblación insoportable no sea demasiado rápido o traumático. O tal vez la única forma de innovar y buscar soluciones radicales sea a través de circunstancias sumamente urgentes y traumáticas. No lo sabemos, y deberemos ir descubriéndolo sobre la marcha.

Así, la próxima vez que vea a mis amigos procreando (no viéndolo en ese instante, ya me entendéis, sino viendo el resultado), pues en vez de horrorizarme quizá debería descubrirme el cráneo y decir algo así como “gracias por contribuir a hacer del mundo un poco mejor”. Lo que evita, claro está, que también siga descubriéndome el cráneo ante el acceso métodos anticonceptivos, para evitarnos situaciones tragicómicas como la que podéis ver en el vídeo de arriba, cortesía de los geniales Monty Python.

Foto | Flickr

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