Libros que nos inspiran: 'Testosterona Rex', de Cordelia Fine

Libros que nos inspiran: 'Testosterona Rex', de Cordelia Fine
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La tesis principal de este libro, Testosterona Rex, puede resumirse así: no hay diferencias biológicas innatas entre el hombre y la mujer. Y, si las hay, son tan sutiles y contextuales, que resultan poco importantes. Para quienes nos adscribimos a la crítica de la tabla rasa (defendida magistralmente por Steven Pinker en su libro La tabla rasa), este planteamiento puede resultar, a priori, indigesto.

La cuestión es que la autora de este libro, Cordelia Fine, es una excelente narradora, y siempre ha recibido atención por estos lares. Fine es una divulgadora necesaria, porque evidencia los errores de muchos estudios que damos por ciertos. Pero también hay que tener cuidado: sus cantos de sirena pueden hacernos obviar muchas de sus hipótesis ad hoc y ejercicios de gimnasia mental a fin de encajar sus ideas.

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Dos problemas

El genetista Angus Bateman descubrió que el vínculo entre la cantidad de parejas y el éxito reproductivo era más fuerte (el "gradiente" es más pronunciado) para las moscas masculinas que para las femeninas. Es decir, que la inversión biológica de las hembras en el sexo es mayor que la de los machos, y por eso los machos pueden permitirse tener más parejas. Ser más sexualmente audaces. Estos estudios se realizaron en la década de 1940. Sin embargo, tienen algunos fallos estadísticos y metodológicos, y no son extrapolables a todas las especies animales, como nos recuerda Fine.

Este argumento es poderoso, pero obvia que hay más estudios, además del de Bateman. De hecho, en 2016 se llevó a cabo un metanálisis (un estudio de estudios) que confirmaba que, efectivamente, Bateman estaba fundamentalmente en lo cierto. El metanálisis se publicó más tarde que Testosterona Rex (2017), es cierto, pero también lo es que todos estudios analizados estaban ahí. Y ese es el principal problema (que es doble) en Fine.

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En primer lugar, mientras leía Testosterona Rex era demasiado consciente de su cherry picking. Cuando digo demasiado, digo que era muy exagerado. Algo difícilmente soslayable. Como comparar metanálisis con un simple estudio aislado realizado en un grupo de personas muy pequeño. O relegar los estudios que contradicen lo que afirmas en el cuerpo del texto a las notas finales del libro. Por ejemplo, señala los defectos de un estudio del psicólogo David Schmitt del año 2013, pero olvida mencionar que esas críticas que fueron aclaradas en 2015 (lo menciona, pero de nuevo en las notas finales del libro, no en el cuerpo del texto). Esa clase de cosas.

Otro ejemplo más grave: su discusión sobre un estudio de 2015 sobre cómo los cerebros de los hombres y las mujeres no son esencialmente diferentes, sino que son un mosaico de rasgos. El lector que no atienda a las notas finales del libro ignorará que se habían publicado cuatro (1, 2, 3 y 4) críticas científicas sólidas del estudio.

Esto le permite a Fine usar el texto principal para criticar solo las afirmaciones más exageradas sobre las diferencias de sexo, y evitar tener que tratar con argumentos más razonables. Y eso está bien: hay que acabar con las afirmaciones exageradas, las tergiversaciones, etc. Sin embargo, Fine da a entender así que sus oponentes solo son los exacerbados, pasando por alto la literatura científica razonable que cuestiona su tesis. Fine inclurre así en una falacia del hombre de paja de manual.

El segundo problema es que, sorprendentemente, me daba la impresión de que Fine no entendía muy bien cómo funciona la evolución, o más concretamente por qué hay comportamientos que son propiciados por la selección sexual aunque no sean muy finos. No es que yo me declare un experto en evolución, pero unos años leyendo sobre ella, sobre todo de la mano de algunos textos de Richard Dawkins, me ha permitido darme cuenta de estos errores (podéis leer más sobre estas sutilezas aquí). Con todo, Fine escribe a menudo haciendo bromas y chascarrillos, así que quizá lo que yo entendí como desconocimiento por su parte solo era un guiño al lector avezado.

Finalmente, su habilidad narrativa le permite usar trucos retóricos que reforzarán los prejuicios de los lectores que estén de acuerdo con ella. Por ejemplo, ella misma admite que el autismo, la enfermedad de Alzheimer, la depresión y otras afecciones tienen proporciones muy diferentes entre hombres y mujeres, y ésa es una razón importante por la que los neurocientíficos están interesados ​​en las diferencias de sexo. Fine, sin embargo, añade: "La cuestión es más bien que, potencialmente, incluso diferencias de sexo bastante marcadas en el cerebro pueden tener poca consecuencia para el comportamiento". Fijaos en cómo usa las palabras: "potencialmente", "bastante", "puede".

Con todo, recomiendo la lectura de Testosterona Rex, tanto si eres enemigo de la tabula rasa como si eres amigo del constructivismo social más acérrimo, muchas de las críticas que vierte Fine son muy pertinentes para mantener una mirada lúcida al eterno debate Nature VS Nurture. Su capítulo sobre la testosterona en sí es un rechazo útil contra las afirmaciones sobre la ubicuidad y el poder de una molécula cuyos efectos de comportamiento no se comprenden bien. Y, sobre todo, leer libros como éste te permite evitar inclinarre demasiado hacia una u otra postura influido por sesgos tan sutiles como omnipresentes. Testosterona Rex, pues, es una lectura estimulante para mantener la mente en tensión. Sin olvidarnos, que él mismo, también constituye un ejemplo más de ideologización del tema objeto de glosa.

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