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[Libros que nos inspiran] 'Cultura basura, cerebros privilegiados' de Steven Johnson

[Libros que nos inspiran] 'Cultura basura, cerebros privilegiados' de Steven Johnson
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Cultura basura, cerebros privilegiados del divulgador científico Steven Johnson tiene un planteamiento tan subversivo y brillante que, independientemente de si estáis de acuerdo con él o no, seguro que os hará pensar y replantearos muchas cosas. Conmigo lo consiguió.

La tesis principal de Johnson parte de lo que él llama “la curva del dormilón”, que asume que la cultura de masas está aumentando de complejidad progresivamente a causa de tres factores interrelacionados: los apetitos naturales del cerebro, el sistema económico de la industria cultural y las plataformas tecnológicas en evolución.

Así que, además, este es un ensayo científico dirigido a todas aquellas mentes esquemáticas que han acogido con servidumbre una serie de dogmas sobre la cultura y cómo ésta se adquiere y, sobre todo, está dirigido a los padres que censuran que sus hijos se dediquen cada vez más horas a los videojuegos, la televisión, los juegos de rol o Internet. Cuando menos, tras su lectura, muchos de los lectores de este libro harán un serio examen de sus creencias más arraigadas.

La idea de que la televisión es una caja tonta es un tópico que Johson, recurriendo a la neurociencia, derriba con tanta facilidad que uno se pregunta cómo no había llegado jamás a sus conclusiones. Los cerebros, sobre todo los infantiles, están construidos para ser constantes adictos a la información y la resolución de problemas. No existen los cerebros vagos o que tienden a la vaguedad, salvo excepciones. Si una televisión, pues, concita hasta tal extremo la atención de los niños, por ejemplo, no es porque la televisión los convierta en zombies o porque los niños se sientan más a gusto desconectando sus cerebros. La televisión es un estimulante cognitivo, y el telespectador está epistémicamente hambriento.

Los niños son absorbidos por la televisión porque ese aparato constituye la mayor fuente de información, actividad y complejidad que hay en toda la casa. (No se defiende aquí que la tele sea igual de positiva que un libro, sino que ejercita áreas cerebrales que a las que el libro no alcanza y viceversa: no hay que dejar de leer libros o de resolver problemas matemáticos, pero tampoco hay que dejar de ver la televisión sencillamente porque creamos que es nociva con independencia de sus contenidos).

Unos argumentos similares son empleados para defender los videojuegos: Un juego de rol como Dragones y mazmorras construye elaborados relatos fantásticos surgidos a partir de la tirada de un dado poliédrico de 20 caras y de la consulta de unas tablas complejísimas que recogen un increíble número de variables; los tres manuales principales para jugar tienen más de 500 páginas con centenares de tablas que los jugadores consultan como si leyeran la Biblia. Todo ello, es evidente, estimula cognitivamente el cerebro de tal modo que sus efectos no pueden pasarse por alto.

Esta curva intelectual ascendente nos obliga a repensar la idea que todos tenemos acerca de la cultura de masas y a borrar esos escenarios postapocalípticos que nos ofrecían obras como Un mundo feliz, en el que grandes corporaciones mediáticas suministran paraísos artificiales exclusivamente para sacar un beneficio económico y sin preocuparse del desarrollo mental de sus consumidores.

En efecto, las corporaciones mediáticas no buscan estimular el cerebro de nadie, pero por una serie de motivos que Jonhson plantea con indiscutible brillantez, no pueden evitarlo: la única manera, por ejemplo, de que en un mundo en el que los beneficios de una película se obtienen de la venta de DVD o de las retransmisiones en la televisión, las producciones deben ofrecer mayor complejidad para que soporten el nuevo visionado una y otra vez, o para que se conviertan en fetiches que la gente desea poseer.

Os lo garantizo: todas las objeciones que podáis plantear a las teorías de Jonhson están replicadas con maestría en este libro (se percibe a la legua que ha chequeado sus ideas con toda clase de personas que no creían en ellas). Así que dadle una oportunidad. Yo se la di, y por eso me inspiró para escribir artículos como: La telebasura también es intelectualmente estimulante o reStart Internet Addiction Recovery Program: empaparse de realidad.

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