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Libros que nos inspiran: 'El cerebro en su laberinto' de María José Mas Salguero

Libros que nos inspiran: 'El cerebro en su laberinto' de María José Mas Salguero
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Con la prosa precisa y cuidada de quien lleva tras de sí muchas lecturas, la neuropediatra María José Mas Salguero nos presenta otro libro sobre las intimidades del cerebro contado desde su posición docta como especialista, pero también cercana y humana como persona que lleva un buen montón de años tratando con pacientes.

Si en La aventura del cerebro, María José hablaba del neurodesarrollo que transcurre sin inconvenientes, en este nuevo libro, El cerebro en su laberinto, aborda el neurodesarrollo cuando aprecen trastornos, los llamados genéricamente TND (Trastornos del neurodesarrollo).

TND

Alfred Binet, Leo Kanner, Virginia Apgar o Lorna Wing son algunos de los personajes que conoceremos en el presente libro, pues todos ellos contribuyeron al conocimiento de los trastornos del neurodesarrollo. Personajes que también nos permitieron vislumbrar lo enrevesado que puede llegar a ser el laberinto de un cerebro afectado por algunos trastornos.

En ese sentido, la detección precoz resulta crucial, así como también las necesidades de los niños que sufren los diversos trastornos que se analizan, como la hiperactividad, el autismo o la parálisis cerebral infantil.

La aventura de tu cerebro (El neurodesarrollo: de la célula al adulto): 5 (El Café Cajal)

La aventura de tu cerebro (El neurodesarrollo: de la célula al adulto): 5 (El Café Cajal)

El libro de Maria José no se limita a presentar los posibles trastornos del neurodesarrollo, sino que también se aventura en la procelosa tarea de conceptualizarlos hasta el punto de tratar de definir qué es un cerebro normal. Porque el cerebro no es la cúspide de la evolución, de hecho dista de ser perfecto, armónico. No es como el hardware de un ordenador, ni como el software, sino que es un jungla darwiniana, tal y como lo describió el Nobel de Biología Gerald Edelman: conjuntos de neuronas compiten unos con otros por el predominio a la hora de responder a los estímulos del entorno.

Es decir, que el cerebro es fruto del entorno, así como el entorno también se ve parcialmente influido por el cerebro. Y, resultado de esta interacción, aflora un órgano imperfecto, jalonado de parches; carencias estas que, sin embargo, ofrecen una panoplia de cerebros mejor adaptada a los diferentes entornos. Cerebros, en suma, más neurodiversos.

Porque determinar que un cerebro es malo o bueno, enfermo o sano, pues, no es tarea fácil. Depende de para qué. Hay contextos donde unos tipos de cerebros son más propicios que otros. La uniformización no es algo deseable, pues con ello también estaríamos descartando habilidades intelectuales o vetas culturales valiosas. Por ejemplo, el trastorno del espectro autista (TEA) está catalogado como trastorno, pero en algunos diagnósticos puede permitir que un programador ser más competente en entornos como Silicon Valley. Lo mismo ocurre para la ansiedad, según un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Yale y publicado en Trends in Cognitive Sciences.

En otras palabras, saber tratar un trastorno también pasa por humanizarlo, no considerarlo per se una lacra, sino también una forma distinta de interactuar con el mundo.

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En definitiva, un hilo de Ariadna para lograr encontrar la salida del laberinto pero, sobre todo, que el camino nos haya permitido aprender más sobre los demás y sobre nosotros mismos, llevando bien llenas las alforjas de nuevos conocimientos. Como en los buenos viajes.

Quizá podríamos considerar la obstetricia como la especialidad más compleja y difícil de la medicina, pues quien la ejerce supervisa un evento natural, no una enfermedad, en el que están implicadas dos personas con una simbiosis y dependencia que no volverán a tener nunca más en sus vidas. Para ocuparse de la salud materna, el obstetra cuenta con la participación activa de la mujer, pero el bebé que está gestando se encuentra protegido y oculto por el útero que, cumpliendo su función, impide el acceso directo a lo que está sucediendo en su interior. Por eso las sensaciones y síntomas maternos, junto con la ayuda de la tecnología, son sus aliados en su cometido de supervisión.

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