¿Cómo era la ‘blogosfera’ en el siglo XVIII si ni siquiera existía Internet?

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Como ya empezamos a intuir en Tecnologías que generaron tanto entusiasmo como el que hoy genera Internet, Internet no es algo tan nuevo y revolucionario como creemos, al menos a nivel conceptual. Hasta el punto de que podríamos afirmar que en los siglos XVII y XVIII empezó a nacer una dinámica blogosfera, la República de las Letras.

En aquella época, por primera vez, si aparecía un libro interesante, enseguida se vendía hasta su último ejemplar. Y entonces no tardaba en reimprimirse y en traducirse a varios idiomas, lo que llevaba aparejado que cientos de personas generaran comentarios en panfletos, correspondencia y libros adicionales, tal y como sucede hoy en día en un blog.

¿Y el correo electrónico? Obviamente no existía la inmediatez actual, pero pensadores como Locke o Newton se enviaron decenas de miles de cartas. Voltaire escribió nada menos que 18.000 cartas. Todo iba más lento, pero había gente que se comunicaba en la distancia de una forma que recuerda poderosamente al correo electrónico, a Twitter o a los comentarios de los blogs.

Todo iba lento, sí, pero, tal y como explica el psicólogo cognitivo Steven Pinker en su libro Los ángeles que llevamos dentro:

aunque todo sucedía con la suficiente rapidez como para que fuera posible lanzar ideas, criticarlas, amalgamarlas, perfeccionarlas y llamar con ellas la atención de las personas en el poder. Un ejemplo demostrativo es “De los delitos y las penas”, de Beccaria, que causó sensación de inmediato y supuso un gran impulso para conseguir la abolición de los castigos en toda Europa.

Si queréis leer más ejemplos de cómo las novelas y los comentarios al margen que suscitaban consiguieron transformar el mundo, ampliando los círculos de empatía de la sociedad, os recomiendo leer la serie de artículos De cómo las novelas han salvado el mundo: abolición de la esclavitud, malos tratos, sufrimiento ajeno y otras tragedias.

Esta blogosfera victoriana consiguió cambios en nada desdeñables si los comparamos con los cambios que provoca la blogosfera contemporánea, lo que puso en evidencia lo importante que es compartir las ideas, evitar el hermetismo, unirse a grandes comunidades.

En ese sentido, las ciudades modernas funcionan como blogosferas analógicas, porque reúnen una masa crítica de mentes diversas, incluso las mentes más disidentes o inconformistas, que pueden refugiarse en pequeños nichos sociales. Tal vez la blogosfera analógica más importante de la época fue Ámsterdam.

Si queréis conocer mis impresiones sobre Ámsterdam, podéis leerlas aquí, pero dejando aparte mis manías, lo cierto es que Ámsterdam, durante la Edad de Oro holandesa del siglo XVII, llegó a ser uno de los puertos más bulliciosos del mundo. Por allí entraban toda clase de bienes, ideas, dinero y personas, tal y como sigue explicando Steven Pinker:

Allí tenían cabida católicos, anabaptistas, protestantes de diversas confesiones y judíos cuyos antepasados habían sido expulsados de Portugal. Albergaba numerosas editoriales con una actividad dinámica y eficiente al imprimir libros polémicos y exportarlos a países donde habían sido prohibidos. Un amsterdamés, Spinoza, sometió la Biblia a un análisis literario y elaboró una teoría que no dejaba margen para un Dios animado. En 1656 fue excomulgado por su comunidad judía, cuyos miembros, con el recuerdo de la Inquisición todavía fresco, tenían miedo de causar problemas entre los cristianos de alrededor. Para Spinoza no fue ninguna tragedia, como habría podido serlo si hubiera vivido en un pueblo aislado, pues simplemente se mudó a otro barrio y de ahí a otra ciudad holandesa tolerante, Leiden. En ambos sitios fue bien recibido en la comunidad de escritores, pensadores y artistas.

Si queréis leer más cómo las ciudades han sido catalizadores de ideas nuevas no os perdáis mi serie de artículos sobre el tema: Ley de Kleiber o que en las ciudades viven más personas innovadoras que en el campo.

Los tiranos políticos y religiosos intuyen el poder subversivo del intercambio de ideas, del flujo de información y de personas, por ello siempre han prohibido la libertad de expresión, de escritura (y de lectura) y de asociación. La blogosfera digital permite todo lo anterior de una forma más rápida y eficaz.

Un campus global incrementa no sólo la complejidad de las ideas sino la calidad de las mismas. (…) La luz del sol es el mejor desinfectante, y exponer una idea mala a la mirada crítica de otras mentes procura al menos una posibilidad de que se marchite y muera.

Así que aquí abajo tenéis vuestro espacio de comentarios, como en una República de las Letras digital, para que nos enriquezcamos mutuamente, como antaño ocurrió en blogosferas analógicas como la de la Atenas clásica, la Venecia del Renacimiento, las revolucionarias Boston y Filadelfia o las ciudades de los Países Bajos como Ámsterdam.

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