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Se estima que seremos 9.900 millones de personas en el año 2050

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Se estima que seremos 9.900 millones de personas en el año 2050

Actualmente, somos 7.400 millones de personas, y solo para el año 2050, una nueva revisión realizada por Population Reference Bureau (PRB), esta cifra se incrementará nada menos que un 33%, alcanzándose así la cifra de 9.900 millones de personas.

Lo más llamativo es que, si continúa adelante el ritmo de crecimiento, en el año 2053 ya seríamos más de 10.000 millones de personas, a pesar de la disminución de las tasas de fertilidad que ya se experimenta en muchos países. Básicamente, la responsable de este crecimiento será África, cuya población se espera que se duplique.

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El culpable del crimen fue un fantasma y otras ideas sobre la sinrazón

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El culpable del crimen fue un fantasma y otras ideas sobre la sinrazón

¿Os imagináis que en un proceso judicial se imputara a un fantasma como responsable de un delito? ¿Que un ente del otro mundo fuera una coartada lícita? Esto no es el argumento de Cazafantasmas, sino algo que, hasta hace poco, era real.

En una fecha como 1691, el juez William Stoughton, importante legislador de la América colonial, se vio en esta tesitura al tener en cuenta espíritus malignos como prueba en un proceso judicial.

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Si estás dispuesto a explorar, atente a las consecuencias

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Si estás dispuesto a explorar, atente a las consecuencias

Si consigues alejarte unos millones de kilómetros de la Tierra, hasta que solo es un punto azul pálido rodeado de millones de galaxias, tomas perspectiva, y te preguntas: ¿por qué la gente otorga tantísima importancia a ideas y costumbres cuando solo son menudencias en un universo incomprensible?

¿Para qué tanta defensa de creencias y costumbres si en unos años estaremos muertos? ¿Para qué tanto miedo y reverencia si al final nuestro sol se convertirá en una gigante naranja y engullirá la Tierra?

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¿Por qué la gente cree tonterías? Porque imitamos muy bien a los tontos

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¿Por qué la gente cree tonterías? Porque imitamos muy bien a los tontos

Todos somos susceptibles de creer tonterías debido a la propia circuitería de nuestro cerebro. El verdadero problema es que, en grupo, en manada, somos propensos a creer tonterías todavía más irracionales. Ideas que por nosotros mismos nunca enarbolaríamos precisamente por su naturaleza tonta, pero que en grupo no lo parecen tanto porque, bien, si hay tantos que confían en ellas, algo de cierto habrá, ¿no?

Pero el número de personas que cree una cosa es independiente de la veracidad de la cosa. Este planteamiento, aunque elemental y perogrullesco, es una ilusión cognitiva que, de nuevo, conspira por anidar en nuestros cerebros. Por muy bien amueblados que estén.

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El efecto Einstellung: cuando tu primera impresión te impide hallar una solución mejor

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El efecto Einstellung: cuando tu primera impresión te impide hallar una solución mejor

Cuando nos enfrentamos a un problema de difícil solución, podemos tropezar en el llamado efecto Einstellung, que básicamente se define como una idea que ya tienes en mente, o una primera impresión, se confabula para impedirte hallar una idea o una solución mejor.

Este término alemán significa “instalación”, es decir, la instalación de un bloqueo por la forma en que ves algo por primera vez.

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Enamorados de sus propias ideas

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Enamorados de sus propias ideas

Las ideas que han sido alumbradas en el interior de nuestra cabeza, así como las que producen individuos de nuestro contexto cultural, acostumbran a ser mejor valoradas que el resto. Hasta el punto de que somos incapaces de advertir que pudieran ser peores.

Esta tendencia a enamorarse de las propias ideas también tiene lugar entre los científicos. A pesar de los estrictos protocolos del método científico, la ciencia la cultivan seres humanos falibles. Un caso paradigmático de este efecto se puede observar en Thomas Edison.

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La plataforma de lanzamiento del Shuttle en Lego

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La plataforma de lanzamiento del Shuttle en Lego

Siguiendo la línea científica con la que Lego que ya nos sedujo con la colección de mujeres científicas, ahora su laboratorio de ideas abierto ha propuesto la creación del complejo 39A del Centro Espacial Kennedy en Florida. Si alcanzan los 10.000 apoyos, la figura podría entrar en el catálogo de Lego.

Lego apuesta por la colaboración, sin machacar con la propiedad intelectual, para que ideas de personas normales lleguen a hacerse realidad si reciben el apoyo necesario, como explicaba Chris Anderson en su libro Makers: "Por eso Lego hace por lo general la vista gorda ante el enjambre de empresas creadas en torno a sus seguidores, siempre y cuando no violen la marca comercial Lego y adopten precauciones para mantener lejos del alcance de los niños pequeños juguetes puntiagudos o fáciles de tragar." Podéis leer más sobre ello en El padre que fabricaba armas para los Lego de su hijo.

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Si no lo descubres tú, lo descubriré yo: la caleidoscópica fuente del descubrimiento

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Si no lo descubres tú, lo descubriré yo: la caleidoscópica fuente del descubrimiento

Una de las grandes fuentes del descubrimiento científico es la serendipia: el científico persigue un objetivo y, por el camino, por puro azar, encuentra una cosa que no esperaba, lo que acaba por convertirse en su descubrimiento principal.

Del mismo modo, el descubrimiento científico no es personalizable: funciona por oleadas que cubren naciones o culturas, oleadas que son más o menos intensas y ricas en función de cuestiones políticas, culturales o ideológicas.

Es decir, que si X no hubiera descubierto algo, no hubiese tardado demasiado en descubrirlo Y. Si asumiéramos esta premisa, también dejaríamos de discutir interminablemente acerca de quién fue el verdadero descubridor o inventor de cualquier cosa. O como diría el físico William Osler: “En la ciencia siempre se atribuye el mérito al hombre que logra convencer al mundo de la verdad de una noción, no a la persona que la concibió primero.

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¿Cómo era la ‘blogosfera’ en el siglo XVIII si ni siquiera existía Internet?

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¿Cómo era la ‘blogosfera’ en el siglo XVIII si ni siquiera existía Internet?

Como ya empezamos a intuir en Tecnologías que generaron tanto entusiasmo como el que hoy genera Internet, Internet no es algo tan nuevo y revolucionario como creemos, al menos a nivel conceptual. Hasta el punto de que podríamos afirmar que en los siglos XVII y XVIII empezó a nacer una dinámica blogosfera, la República de las Letras.

En aquella época, por primera vez, si aparecía un libro interesante, enseguida se vendía hasta su último ejemplar. Y entonces no tardaba en reimprimirse y en traducirse a varios idiomas, lo que llevaba aparejado que cientos de personas generaran comentarios en panfletos, correspondencia y libros adicionales, tal y como sucede hoy en día en un blog.

¿Y el correo electrónico? Obviamente no existía la inmediatez actual, pero pensadores como Locke o Newton se enviaron decenas de miles de cartas. Voltaire escribió nada menos que 18.000 cartas. Todo iba más lento, pero había gente que se comunicaba en la distancia de una forma que recuerda poderosamente al correo electrónico, a Twitter o a los comentarios de los blogs.

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[Libros que nos inspiran] ‘Las buenas ideas’ de Steven Johnson

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[Libros que nos inspiran] ‘Las buenas ideas’ de Steven Johnson

Steven Johnson es un divulgador de ciencia fascinante. No solo escribe muy bien sino que es capaz de mezclar conocimientos de diferentes disciplinas de un modo admirable. Pero lo mejor de todo en Johnson es que algunos de sus libros cuestionan hechos comúnmente creídos que la investigación científica está echando por tierra.

Por ejemplo, en Cultura basura, cerebros privilegiados recurre a la neurociencia para sugerir que los medios de masas (los videojuegos, la telebasura, las series, etc.) nos están haciendo más inteligentes, porque la cultura de masas está incrementando su complejidad progresivamente a causa de tres factores interrelacionados: los apetitos naturales del cerebro, el sistema económico de la industria cultural y las plataformas tecnológicas en evolución.

Obviamente, ello no significa que basta con usar Internet y ver la televisión para ser inteligente (la lectura de libros desarrolla otra clase de inteligencia, por ejemplo; porque leer nos cambia el cerebro más de lo que creemos). Si queréis profundizar en este tema, os recomiendo el artículo que escribí recientemente comparando las tesis de Johnson con las aparentemente contrarias de Nicholas Carr en su libro Superficiales, una advertencia de cómo Internet no está volviendo más tontos: Divulgación 2.0. Ventajas y desventajas de la ciencia en Internet

Ahora Steven Johnson vuelve a deslumbrarme con su reciente libro Las buenas ideas, donde trata en profundidad uno de los temas que más me seducen a nivel personal: de dónde surgen las ideas, qué es la creatividad y la razón del absurdo que supone creernos que hay dueños de ideas (de libros, de patentes, etc.) y cómo el copyright y los derechos de autor, con el tiempo, deberán reemplazarse por otros modelos más laxos o incluso ser suprimidos por completo.

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