Bien, la verdad existe. Eso está claro. Lo que no parece tan claro es hasta qué punto podemos acceder a toda la verdad. Sin embargo, epistemólogos y filósofos han conseguido pergeñar sistemas de verificación a fin de acercarnos lo máximo posible a la verdad. La ciencia, por ejemplo, emplea uno de estos sistemas de acercamiento a la verdad: el método científico. Todo lo que no pase por el método científico, por definición, es menos verdad, más opinión, más dogma, más decir por decir.
Pero hoy no voy a hablaros del método científico, que seguro que conocéis, sino de un proceso llamado revisión sistemática, que en ciencia es muy empleado también para que los árboles no nos impidan ver el bosque.

Ya lo decía el filósofo Gustavo Bueno: 100 individuos, que por separado pueden constituir un conjunto distributivo de 100 sabios, cuando se reúnen pueden formar un conjunto atributivo compuesto por un único idiota.
Existen por ahí diversas teorías psicológicas y de la información que tratan de demostrar una realidad contraintuitiva: que la mayoría se equivoca. Que la masa es tonta. O, como dice el filósofo Gustavo Bueno, que 100 individuos, que por separado pueden constituir un conjunto distributivo de 100 sabios, cuando se reúnen pueden formar un conjunto atributivo compuesto por un único idiota.
Desde Euclides, los matemáticos siempre han intentado formular una serie de verdades absolutas e incontrovertibles, llamados “axiomas”, para luego deducir de ellos toda clase de conclusiones útiles. Pero con el teorema de Gödel las cosas cambiaron. Gödel utilizó el rigor de las matemáticas para demostrar, sin lugar a dudas, que las matemáticas mismas son incompletas.