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Este antiguo libro servía para desterrar mitos profundamente arraigados

Este antiguo libro servía para desterrar mitos profundamente arraigados
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A pesar de que vivimos en tiempos de información abundante y de fácil acceso, todavía somos víctimas de innumerables mitos que están tan profundamente arraigados que parecen inmunes a su denuncia.

Sin embargo, a lo largo de la historia no han sido pocos los intentos de derrumbar los mitos más populares a través de recetas de fácil acceso. Uno de los libros más antiguos al respecto se llamó Pseudodoxia Epidemica.

El libro de la verdad

Escrito en 1646 por Sir Thomas Browne, Pseudodoxia Epidemica es indudablemente uno de los libros más curiosos de la literatura inglesa. Su éxito fue tal que se reimprimió seis veces y se tradujo al francés, al alemán y al holandés.

El subtítulo del volumen no dejaba lugar a dudas: Investigaciones sobre las ideas recibidas y las supuestas verdades comunes.

 Pseudodoxia Epidemica Frontispiece To 1658 Edition

Más que un libro para leer de corrido es un catálogo de errores que en su tiempo tuvieron un caracter epidémico, algo así como los actuales memes que corren por internet. Con todo, el libro tampoco era de fácil lectura, tal y como lo explica W. G. Sebald:

Browne escribía desde la plenitud de su erudición, desplegando un vasto repertorio de citas y los nombres de autoridades que habían vivido antes que él, creando complejas metáforas y analogías y construyendo frases laberínticas.

El mensaje más brillante del libro, que incluso hoy en día parece ir en contra de la intuición del ciudadano medio, es que una opinión no es más válida porque sea más antigua o esté más generalizada. Lo es o no lo es con independencia de esos factores. Y que solo sabemos de verdad las cosas que podemos explicar cómo las sabemos.

Porque para avanzar en el conocimiento debe a menudo hay que «olvidar lo que sabe» o se cree saber, todas aquellas creencias y credulidades, supersticiones y datos falsos, transmitidos por la pereza o la necedad. Browne, pues, reflexiona así sobre el poder de la verdad, que es necesaria hasta en el infierno:

tan grande es el imperio de la verdad que tiene cabida aun dentro de los muros del infierno y los mismos demonios están obligados a diario a practicarla, no solo porque son ellos mismos verdaderos en un sentido metafísico, a saber, porque tienen una esencia conforme al intelecto de su Hacedor, sino porque hacen uso de verdades morales y lógicas, es decir, que o bien en la conformidad de las palabras a las cosas o de las cosas a sus propias concepciones, practican la verdad y aunque nos engañan no se mienten unos a otros, porque bien entienden que toda comunidad se perpetúa con la verdad y que el mismo infierno no puede subsistir sin ella.

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