No cabe duda de que la alimentación, la higiene y los avances en medicina han aumentado espectacularmente nuestra esperanza de vida. Sin embargo, hay factores que es conveniente no mejorar demasiado so pena de que se vuelvan contra nosotros.
Uno de ellos es la excesiva profilaxis o esterilización a la que sometemos a los bebés. El sistema inmune necesita “aprender” a defenderse contra distintas sustancias tóxicas y microorganismos patógenos, y este aprendizaje es fundamental en los primeros años de nuestra vida.
Si un bebé nunca se relaciona con patógenos de ningún tipo (un constipado de un compañero de clase, etc.), sus sistema inmune se resentirá en un futuro, siendo incapaz de combatir las agresiones más básicas. Si mantenemos a un bebé en una burbuja, lo estamos condenando a estar para siempre en esa burbuja.

