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Hipnosis: ciencia o pseudociencia

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A menudo los vemos por la televisión, cómo personas escogidas del público son hipnotizadas por mentalistas o magos. En trance, esas personas parecen capaces de cumplir órdenes, como beber un vaso de agua o creer que una serpiente les sube por la pierna. ¿Lo que estamos viendo es real o un montaje? ¿La hipnosis, lejos de espectáculos, puede ser una técnica científica?

Ya en el siglo XIX y principios del XX se llevaron a cabo diversos experimentos para clarificar si la hipnosis era real o no. Pero los experimentos no se realizaron en condiciones bien controladas, y suscitaron más preguntas que respuestas. No fue hasta mediados de los 1960 cuando los psicólogos de la Universidad de Pensilvania Martin Orne y Fredrick Evans decidieron poner toda la carne en el asador.

En los ensayos, solicitaron a un grupo de personas especialmente sugestionable que cogieran una serpiente venenosa capaz de matar a una persona con su mordedura. Los participantes intentaron cogerla (aunque los investigadores habían dispuesto un cristal transparente para que eso no fuera posible y no acabar con la vida de nadie). Es decir, a primera vista parecía que los sometidos a trance eran capaces incluso de seguir órdenes aunque esas órdenes pudiesen matarles.

Sin embargo, los experimentadores diseñaron una segunda etapa del estudio aún más ingeniosa para verificar que esto era así. Escogieron a un grupo de personas nada sugestionables y les propusieron fingir que estaban en trance. Los resultados fueron muy parecidos. La gente obedecía órdenes. La cuestión era que nadie, en trance o no, creía realmente que en un experimento iban a permitirle coger una serpiente realmente venenosa. Es decir, todos sabían que no corrían peligro en realidad.

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[Libros que nos inspiran] ‘La mente de par en par’ de Steven Johnson

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fm8893.jpgEl heterodoxo Steven Johnson es uno de mis divulgadores preferidos, y no sólo porque me hizo reflexionar un día sobre la idea de que la cultura de masas cada vez nos hace más inteligentes. Sino también por libros como el que nos ocupa, La mente de par en par. Un repaso al cerebro humano que nos ha inspirado para escribir artículos tan sustanciosos como:

Nuestro cerebro está siempre drogado: ¿cómo sacarle partido? (I) y (y II), Tira los dados dodecaedros de tu personalidad: el neuroperfil (I) y (y II) o La imposibilidad (temporal) de explicar la conciencia.

Las nuevas tecnologías para cartografiar el cerebro en tiempo real están permitiendo, por ejemplo, que sepamos qué regiones de nuestra geografía cerebral se activan cuando llevamos a cabo diferentes tareas, como reconocer el rostro de un ser querido, planificar una lista de la compra o simplemente hilvanando una frase.

Un cerebro es como una huella dactilar: cada cual posee una topografía única. Una mayor comprensión de nuestras sinapsis, neurotransmisores y ondas cerebrales, de los distintos patrones químicos y eléctricos, pues, no sólo abrirá de par en par nuestro cráneo sino que nos identificará con más definición. Nos dirá cómo somos respecto a los demás.

Nos dirá por qué sentimos miedo y de qué. Qué es lo que provoca un chiste a nivel neuroquímico. Cómo podemos mejorar nuestra atención. Qué significa amar. De dónde surgen nuestras aptitudes, estados de ánimo, emociones y multitud de comportamientos. Steven Johnson, pues, se convierte así en un cicerone mucho más instruido (y con una mejor brújula) que los que proporcionan la psicoterapia, la meditación o las drogas.

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Alterando el genoma para cambiar las conductas (y II)

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Como os señalaba en la anterior entrega de este artículo, hay pruebas que sugieren que los genes desempeñan en el desarrollo de la mente humana más o menos el mismo papel que en la mente animal. Incluso hay trastornos de la mente y la conducta que pueden vincularse directamente a alteraciones de genes concretos.

Un sitio de Internet de los NIH (Institutos Nacionales de la Salud), cataloga literalmente miles de trastornos que pueden relacionarse con alteraciones de genes individuales. Por ejemplo:

-La fenilcetonuria, también conocida como PKU. (gen PAH)

-Diversas formas de lisencefalia. (gen ARX)

-La enfermedad de Huntington (llamada también corea de Huntington y conocida antiguamente como baile de San Vito), que es una enfermedad neurodegenerativa. En toda Europa hay unos 45.000 afectados. En Norteamérica, unos 30.000. (Triplete CAG del gen HD)

-El síndrome de Angelman, antiguamente llamado síndrome de la marioneta feliz, que es un trastorno que da lugar a un temperamento feliz acompañado de atraso mental grave y expresiones faciales inhabituales. (Disomía uniparental del cromosoma 15 (15q11-q13))

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Alterando el genoma para cambiar las conductas (I)

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mosca.jpgLa gente de la calle ya ha asumido que los genes determinan el desarrollo de nuestro cuerpo. Incluso en el desarrollo de nuestro cerebro. Pero todavía es reticente a aceptar que los genes también influyen en la mente y en la conducta, que no nacemos como pizarras en blanco en las que el ambiente escribirá libremente.

Lo cierto es que nacemos con cosas ya escritas. Y aunque el ambiente también escribe, hay que tener en cuenta que tendemos a escoger a aquellos ambientes que favorecen al máximo lo que ya llevamos escrito.

La influencia de los genes en la conducta animal ha sufrido grandes avances a finales de la década de 1990, cuando los neurocientíficos del desarrollo fueron capaces de alterar o romper (knock out) genes concretos. Hasta el punto de que se han vinculado rasgos concretos con genes concretos.

Por ejemplo, son especialmente valiosos los estudios realizados de los hábitos de recolección de comida de los gusanos (Caenorhabditis elegans) y de las moscas de la fruta (Drosophila melanogaster).

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El caso del paciente que no sabía dónde estaba su propio cuerpo

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Imaginad la siguiente escena: una persona entra a la consulta del médico y dice: doctor, doctor, he perdido mi cuerpo y no lo encuentro, como si fuera el cuerpo de Wally. Es una escena propia de un capítulo de House, pero no es tan disparatada como pensamos.

Es lo que ocurrió a un paciente al que la comunidad médica llama IW, que fue afectado por una infección vírica que le hizo perder todas las sensaciones de sus miembros, excepto las de la temperatura y la fatiga. El paciente, pues, sólo sabía acerca de las posiciones de sus miembros mediante sus ojos.

Como el cerebro depende de las sensaciones corporales para moverse con cierta armonía, los pacientes aquejados de una lesión como ésta no acostumbran a moverse. Pero tras muchos años de esfuerzo, IW consiguió a andar otra vez… pero se caía si se apagaba la luz, naturalmente.

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El cerebro humano en cifras

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Siguiendo la estela del post dedicado al corazón, es una buena oportunidad para centrarnos en las cifras del órgano por antonomasia, el órgano de órganos: el cerebro.

Probablemente la más compleja, ordenada y fascinante estructura de materia conocida en el universo.

-En sólo 1.400 gramos de materia albergamos entre 10.000 millones y 100.000 millones de neuronas (tantas como el número de estrellas de nuestra galaxia). Cada neurona establece entre 5.000 y 50.000 conexiones con sus células vecinas. Lo cual equivale a construir una red neuronal intercomunicada por 100.000.000.000.000 conexiones.

-La corteza cerebral extendida, cubriría entre 1.800 y 2.300 centímetros cuadrados.

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