Desde que leí Genoma, la autobiografía de una especie en 23 capítulos, no me pierdo ningún libro del doctor por la Universidad de Oxford Matt Ridley. Luego vino Qué nos hace humanos. Y ahora le ha tocado a su última obra: El optimista racional, probablemente su obra más polémica.
Por esa razón, su libro ha sido fuente de inspiración de diversos de nuestros artículos en Xataka Ciencia: El día en que la escasez de caca de pájaro casi acaba con la humanidad, ¿Los inventos los descubren los científicos o los hombres de negocios?, ¿Se acaba el mundo tal y como lo conocemos? o ¿Las energías renovables son tan ecológicas como parecen?
En pocas palabras, lo que propone Ridley es que los agoreros se han equivocado la mayoría de las veces. Parece que verlo todo negativo es más inteligente, que el culto siempre es una persona grave, atribulada, que percibe el terror en todos los rincones. Ridley sostiene justo lo contrario: el optimismo debería ser preponderante en los discursos intelectuales (un optimismo racional y ponderado, por supuesto).
Y hay muchas razones para mantenerse optimistas, a pesar de los tiempos que corren (otro tópico pesimista). Hay más valores que nunca (más cooperación y altruismo, más actos filantrópicos, mayor cohesión social, menos racismo y xenofobia, mayor conciencia ecológica, etc.).

Qué nos hace humanos de Matt Ridley trata de esclarecer preguntas importantes. O mejor dicho: de exponer todo lo que las herramientas técnicas de último cuño nos han aportado para esclarecer dichas preguntas importantes.
Hacer negocios con alguien, sobre todo si ese alguien es un desconocido, siempre tiene sus riesgos. Debemos depositar la confianza en alguien que, en el fondo, sólo persigue el máximo beneficio individual. Y la cuestión es que nosotros también buscamos lo mismo.
No me puedo resistir a compartir con vosotros una afirmación que no puedo por más que calificar de llamativa. Sin embargo, me gustaría que vosotros os pronunciarais al respecto. ¿La responsabilidad de un invento recae en los científicos o en los hombres de negocios?
A juicio del divulgador científico Matt Ridley, uno de los peores enemigos del progreso (si excluimos a los luditas, los fanáticos religiosos y demás ralea) son simplemente los cenizos, los pesimistas, los agoreros. Y de esos podemos encontrar en todas las épocas y en todos los estamentos académicos o intelectuales.
Uhh… hoy vamos a ponernos agoreros o cenizos. ¿Llega el ocaso? ¿Se acaba el mundo tal y como lo conocemos? ¿Los recursos del planeta llegan ya a su fin? Tal vez.
La idea está ya cristalizada en la cultura popular: petróleo negro y asqueroso matando la naturaleza y contaminando el mundo; energías renovables limpias y armónicas con las plantas y animales. Pero ¿es todo tan maniqueo como parece?
Los mundos virtuales son excelentes escenarios para hacer experimentos. Gracias a
Suena tan bonito pensar que la naturaleza es sabia, es buena y, sobre todo, que permanece en equilibro (un equilibrio que el vil ser humano se empecina en desestabilizar). Pero esta idea no es tan exacta como parece.
Si bien soy el primero al que le vienen ramalazos de convertirse en eremita para ver el mundo desde una atalaya, en plan que siga girando el mundo que yo me bajo, lo cierto es que todos nosotros estamos interconectados más de lo que creemos. Y, aunque el prójimo acostumbra a ser un tocacojones, sin el prójimo nuestras vidas serían miserables.