Tanto si habéis visto recientemente la película Contagio, de Steven Soderbergh, como si no, seguro que en alguna ocasión os habéis preguntado cuánto tiempo necesitaría un supervirus en llegar a todos los rincones del planeta.
Los virus son diminutos, no comen, no se mueven, no respiran, y a diferencia de las bacterias, ni siquiera poseen células. Toda su amenaza reside en su poder reproductivo y en su habilidad para insertar material genético en el interior del núcleo de otras células.
Imaginemos que tenemos un virus de la influenza. Como afecta al tracto respiratorio, la tos y los estornudos asociados facilitan su contagio en un radio de 0,9 metros. El virus también debería originarse en una gran ciudad con mucho tráfico aeroportuario, para que se pierda el rastro fácilmente de la cepa originaria.

Diversos experimentos han demostrado que las personas identifican con mayor facilidad y rapidez un rostro sonriente entre un conjunto de rostros tristes o apáticos. ¿Recuerdas los libros de Buscando a Wally? Probablemente lo encontrarías antes si Wally sonriera y la muchedumbre que lo rodea, no.
Aunque la mayoría de nosotros creamos que el cáncer es una enfermedad no contagiosa, lo cierto es que hay un tanto por cierto destacable de cánceres que “sí son contagiosos” (una afirmación que luego matizaré), como el cáncer de cuello uterino producido por el virus del papiloma humano (
Chris Korda, hijo de Michael Korda, editor jefe de Simon & Schuster y nieto de uno de los artífices de la industria cinematográfica británica, es el fundador y líder de la Iglesia de la Eutanasia.
Uno de los momentos más sublimes de la serie de animación Futurama (hay tantos que podría pasarme el día enumerándolos) tiene lugar justamente en el primer capítulo. La serie transcurre en el año 3000 y en Nueva York es ya habitual encontrarse con Cabinas de Suicidio, cuya forma exterior recuerda sospechosamente a una cabina telefónica. Fry, el protagonista, entra en una creyendo de hecho que se trata de una cabina telefónica, y entonces una voz robótica le pregunta qué clase de suicidio desea, si rápido o lento y doloroso.
A menudo me decía mi abuela que, tras tocar el dinero, tenía que lavarme las manos. No sólo porque consideraba el dinero como algo simbólicamente sucio o pervertidor, sino porque consideraba que tanto monedas como billetes probablemente habían pasado por miles de manos llenas de patógenos.
Por muy independientes o autónomos que nos consideremos, lo cierto es que todos nos fijamos en los demás a fin de fijar nuestros valores sobre las cosas, lo que es importante o no, lo que gusta y no gusta, etc.
El matemático francés Paul Pierre Lévy estableció un patrón matemático llamado con el poético nombre de “vuelo de Lévy”. Para entender el patrón hay que imaginarse una gaviota que busca alimento.
Todos llevamos en nuestro cuerpo PCP. Siglas que, en inglés, significan neumonía Pneumocystis carinii. Desde que nacemos o desde poco después. En la mayoría de casos, sin embargo, esta bacteria que nos acompaña toda nuestra vida es inofensiva. 