Las plantaciones de palma aceitera han pegado un nuevo zarpazo de 1.600 hectáreas al bosque de Tripa, refugio de unos 700 orangutanes de los 6.600 que sobreviven en la isla indonesia de Sumatra.
Vía | EFE
Las plantaciones de palma aceitera han pegado un nuevo zarpazo de 1.600 hectáreas al bosque de Tripa, refugio de unos 700 orangutanes de los 6.600 que sobreviven en la isla indonesia de Sumatra.
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Un equipo de LATMOS/IPSL, en colaboración con investigadores belgas del Instituto de Aeronomía Espacial de Bélgica (IASB) y la Universidad Libre de Bruselas de (ULB), han revelado la existencia de una importante fuente de ácido fórmico en bosques boreales (taiga) y tropicales. El ácido fórmico es conocido por ser la principal causa de la acidez de las lluvias en estas regiones.
Los resultados, obtenidos con el IASI (Interferómetro Atmosférico de Sondeo en Infrarrojo) a bordo del satélite meteorológico MetOp, han sido publicados en la revista científica Nature Geoscience.
También existe un bosque de piedras. A decir verdad, no es un bosque en el sentido estricto de la palabra, aunque estéticamente lo parece.
La reserva natural Pobiti Kamani, en Bulgaria, a pocos kilómetros de la ciudad de Varna, conocido como el Bosque Petrificado, en realidad es producto de una formación calcárea surgida del fondo del mar.
Ahí van un buen puñado de trucos para encontrar el norte, en plan boyscouts o Jóvenes castores. Algunos de estos trucos no funcionan especialmente bien en el denso follaje, en todas las condiciones meteorológicas, o en todas partes del mundo, pero en casi cualquier situación una de estas ideas puede funcionar. Tampoco es una lista exhaustiva, así que podéis contribuir si se os ocurre alguno más.
1. Buscar musgo. Por lo general crece orientado al norte (porque suele ser el más sombrío y húmedo.), o, al menos, crece más abundantemente allí, en la base de los árboles o las piedras. Las ramas de los árboles se desarrollan más en la parte sur.
2. Buscar telas de araña. Tienden a aparecer en el lado sur de los árboles.
La idea que generalmente tiene la gente sobre el reciclaje del papel es la siguiente: voy a comprar papel reciclado para que no se talen tantos bosques, y así contribuiré positivamente con el medio ambiente. Pero ¿esto es cierto? ¿Realmente el reciclaje de papel tiene un impacto menor en el medio ambiente? La respuesta no es tan fácil como parece.
Por ejemplo, si lo que queremos es salvar árboles, el efecto parece ser el opuesto, a juicio de Joseph Heath, profesor de la Universidad de Toronto, y otros analistas. Su razonamiento es el siguiente: hay tantas vacas en el mundo porque la gente come vacas; si la gente dejara de comer menos carne, habría menos vacas, no más. Lo mismo puede aplicarse a los árboles.
Cuando se fabrica papel no se talan “árboles centenarios” sino cultivos industriales, como sucede con el trigo y el maíz. Así que la manera de incrementar el número de árboles plantados es que consumamos más papel, no menos.
Los secretos ancestrales de la preparación del cacao, la adrenalina de los deportes de aventura y un vasto conocimiento científico se pueden encontrar, todos juntos, en los bosques de Sarapiquí, en el norte de Costa Rica.
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Tras millones de años, este bosque de gran biodiversidad apenas ha sufrido transformaciones evolutivas; es una reliquia viviente de las formaciones vegetales que cubrían gran parte de Europa durante el Periodo Terciario.
La necesidad de un alto grado de humedad para el desarrollo de las masas forestales condiciona su distribución a las vertientes norte entre los 400-1500 m de altitud que es la zona de mayor influencia de los vientos alisios que dan lugar a la formación del mar de nubes.
La laurisilva es una formación de tipo subtropical predominantemente arbórea, siempre verde, cuya gran masa de hojas coriáceas y brillantes favorece la condensación de las nieblas produciéndose una lluvia local al pie de cada árbol que se conoce como «precipitación horizontal».
Como curiosidad, el abandono del campo que se ha producido en Canarias en los últimos 40 años ha propiciado la recuperación de la laurisilva en las fachadas norte de las islas occidentales.
Este abandono provocó la expansión natural de los matorrales de fayal-brezal, que invaden con rapidez los terrenos en los que aún no se ha perdido el suelo y procuran la restauración del ecosistema.
Muchos de estos fayal-brezales han alcanzado desarrollo importante y forman bosques secundarios de laurisilva próximos a la madurez.
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El año 2011 ha sido proclamado el Año Internacional de los Bosques. Con este nombramiento se pretende llamar la atención de todos los ciudadanos del mundo durante el presente año. Su objetivo es aumentar los esfuerzos de recuperación y conservación de las masas arbóreas mundiales y recordar que son parte esencial del desarrollo sostenible del planeta, gracias a los beneficios económicos, socioculturales y ambientales que proporcionan.
Sus responsables realizarán a lo largo de todo el año diversas actividades para implicar a instituciones, empresas y ciudadanos y llamar la atención sobre las mayores amenazas que sufren los recursos forestales. Se promoverán iniciativas para aumentar la ordenación sostenible, la conservación y el desarrollo de todo tipo de bosques, incluidos los árboles fuera de ellos. Además, se intercambiarán conocimientos sobre estrategias que han frenado la deforestación y la degradación forestal.
Cada año, cientos de personas se pierden en los bosques de todo el mundo: precisamente porque perderse en el bosque es más fácil de lo que parece. Pero ¿por qué nos perdemos tan fácilmente? ¿Qué sucede cuando andamos sin norte? ¿Qué deberíamos hacer para que nos encontraran más fácilmente?
Los rastreadores expertos indican que una persona normal deja tras de sí 2.000 pistas por cada kilómetro que avanza. Huellas, una rama rota, un pedazo de barro, una brizna de hierba retorcida. Un equipo de rastreadores, separados tres metros entre sí, generalmente puede detectar el 95 % de las pistas útiles. Si se separaran quince metros, entonces descubrirían el 75 % de los indicios.
La conducta de una persona perdida fue ampliamente estudiada en la obra de William Syrotuck, un pionero en este campo que recopiló datos sobre cientos de personas extraviadas en diversos lugares de Estados Unidos. Incluso determinó qué clase de personas nos encontraremos perdidas en unos y otros lugares.
Así pues, lo más relevante a la hora de buscar a una persona perdida son dos datos: su edad y su actividad al aire libre.

Este curioso animal de la fotografía, Pseudoryx nghetinhensis, o “buey de Vu Quang”, es el último mamífero en descubrirse. No es un ratoncito inconspicuo y casi invisible, que todo el mundo conocía pero que por complicados tejemanejes del DNA se revela como nueva especie. No. Es un animal con aspecto de venado de casi 100 kilogramos, lo cual no deja de ser sorprendente. Eso sí: habita en lo más intrincado de las selvas del Vietnam, y por ello ha pasado algo desapercibido durante siglos de exploración naturalista.
Cierto es que el asunto no está de rabiosa actualidad, ya que fue descubierto por la ciencia en 1992. Sin embargo esto da que pensar: si este animal, grande, vistoso, comestible, ha tardado tanto en ser descubierto… ¿qué cantidad de cosas esperan ocultas en las selvas y que aún están a la espera de ser descubiertas? En las selvas de Vietnam se han descubierto un buen número de especies en los últimos 15 años. Este mismo septiembre los científicos descubrieron 11 especies de animales y plantas en una región remota conocida como el “corredor verde” en el centro de Vietnam. Esta región conocida como la Cordillera Truong Son, albergaba una especie de serpiente, dos especies de mariposas, cinco especies de orquídeas y tres especies de plantas típicas de los bosques tropicales, hasta ahora desconocidas.