
En los lejanos confines del Universo, a casi 13 mil millones años luz de la Tierra, unas extrañas galaxias yacen escondidas. Envueltas en polvo y atenuados por la enorme distancia, ni siquiera el Telescopio Espacial Hubble es capaz de reconocerlas.
Fue gracias al NASA’s Spitzer Space Telescope —un observatorio espacial infrarrojo, que mantienen una órbita heliocéntrica que lo aleja de nuestro planeta unos 15 millones de kilómetros cada año— que pudimos descubrir no una, sino cuatro galaxias rojas. No obstante, aunque los astrónomos son capaces de describir los miembros de esta nueva “especie”, son incapaces de explicar su naturaleza rojiza.


Como sacado de un “bestseller” de Dan Brown, un equipo de las Instalaciones de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (

Ya desde el colegio nos repetían que, si bien existe un límite para la temperatura más fría en el universo (el Cero Absoluto, -273,15 Cº), no había límite para la temperatura más alta. En otras palabras, hay un límite para el frío, pero no para el calor (algo que por cierto adquiere un especial sentido en estos días de sofocante calor).
El problema de responder a todas las preguntas del universo es que nosotros vivimos en ese mismo universo. El sistema no puede saber cómo es el sistema si está dentro de ese mismo sistema.
Otro aspecto que habría que añadir a esta clase de fe basada en intuiciones o sensaciones, mitos y leyendas, es que no precisa de sentido crítico alguno, es impermeable al cuestionamiento sistemático. Es decir, muchos de nosotros podemos creer que la teoría del Big Bang puede ser provisionalmente cierta. Pero estamos dispuestos a admitir que es errónea en cuanto nos presenten una teoría alternativa más sólida o alguna prueba de que el Big Bang no pudo producirse sin violar todas y cada una de las leyes de la naturaleza que ya hemos ido acabalando mediante pruebas y errores. 
Hasta hace muy poco tiempo preguntarse que había antes del Big Bang, o incluso a tiempo 0, cuando todo comenzó era más una pregunta religiosa que científica. La teoría de la relatividad colapsa cuando se trata del origen del cosmos, se obtienen muchos infinitos, ceros y errores, por lo que era prácticamente imposible saber cómo era el universo antes de la gran explosión. En años recientes se desarrolló una teoría conocida como Gravedad Cuántica de Bucles (o LQG por sus siglas en inglés) que predice un rebote cuántico del universo luego del colapso de un universo previo.