Si no lo descubres tú, lo descubriré yo: la caleidoscópica fuente del descubrimiento

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Una de las grandes fuentes del descubrimiento científico es la serendipia: el científico persigue un objetivo y, por el camino, por puro azar, encuentra una cosa que no esperaba, lo que acaba por convertirse en su descubrimiento principal.

Del mismo modo, el descubrimiento científico no es personalizable: funciona por oleadas que cubren naciones o culturas, oleadas que son más o menos intensas y ricas en función de cuestiones políticas, culturales o ideológicas.

Es decir, que si X no hubiera descubierto algo, no hubiese tardado demasiado en descubrirlo Y. Si asumiéramos esta premisa, también dejaríamos de discutir interminablemente acerca de quién fue el verdadero descubridor o inventor de cualquier cosa. O como diría el físico William Osler: “En la ciencia siempre se atribuye el mérito al hombre que logra convencer al mundo de la verdad de una noción, no a la persona que la concibió primero.

Una buena relación de descubrimientos casi simultáneos, en modo caleidoscópico, la ofrece Clifford Pickover, escritor y miembro del consejo editorial de la revista Odyssey, autor de El libro de las dimensiones: de Pitágoras a la 57 dimensión.

La banda de Möbius fue descubierta en 1858 por el alemán August Möbius, a la vez que lo hacía el matemático alemán Johann Benedict Listing.

El cálculo infinitesimal fue desarrollado casi por la misma época por Newton y Leibniz.

La teoría de la evolución por medio de la selección natural fue elaborada de forma autónoma y simultánea por los naturalistas británicos Charles Darwin y Alfred Russel Wallace.

La geometría hiperbólica: el matemático húngaro János Bolyai y el ruso Nikolái Lobachevski.

Alexander Graham Bell y Elisha Gray solicitaron por separado, y exactamente el mismo día, sendas patentes vinculadas con la tecnología telefónica.

Aunque generalmente se atribuye a Alexander Fleming el descubrimiento de la penicilina, muchas épocas y culturas diferentes llegaron mediante la observación y la experiencia a conocer y emplear las propiedades bactericidas de los mohos.

En 1886, el estadounidense Charles Martin Hall y el francés Paul Héroult descubrieron a la vez la técnica del refinado del aluminio mediante un proceso electrolítico en el que intervenía un mineral denominado criolita.

Y a lo largo de la historia podemos encontrar muchos más ejemplos de descubrimientos e inventos de autoría esquiva. Mark Twain fue muy perspicaz cuando opinó sobre el hecho de que tantos inventos se produjeran de forma simultánea e independiente: “En la época del barco de vapor se viaje en barco de vapor”.

Podéis leer más sobre el tema en ¿Eureka? No existe ‘el inventor’ sino los inventores.

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