Que el mundo de la ciencia está íntimamente ligado al de los inventos es algo que todos sabemos.
Muchas de las investigaciones que se realizan suelen estudiar campos desconocidos hasta el momento, y esto suele llevar descubrimientos de mayor o menor importancia.
El autor de este descubrimiento (ya sea un invento físico, o una idea), si realmente comprende cómo funciona el mundo, sabe que tiene que proteger su creación para evitar que alguien se beneficie de su idea. Y ahí entran en escena las patentes.
La patente nos permite garantizar nuestros derechos sobre nuestro invento, evitando que cualquiera explote la idea para su propio beneficio. Pero esto sólo será por un tiempo limitado.
Y no os podéis imaginar lo afortunados que somos.
Porque allá por 1970, un inventor inglés llamado Arthur Paul Pedrick obtuvo 162 patentes por sus inventos. ¿Y qué tenían de especial, para que hablemos de ellos?
Que la posibilidad de aplicarlos era… cuanto menos, imposible.
Un ejemplo bastante ilustrativo es la idea que tuvo para solucionar el hambre en el mundo, llevando agua al desierto australiano para hacer de éste una superficie de cultivo.
Para ello, la idea era transportar bolas de nieve y hielo mediante cañerías desde la Antártida. ¿Lógico, verdad?
Según decía Pedrick, las bolas de nieve acelerarían gracias a los 3.000 metros de altura a los que se encuentra la meseta antártica, alcanzando los 800 km/h al nivel del mar. Estas bolas serían bombeadas de forma natural a través de las cañerías, gracias a la fuerza de Coriolis inducida por la rotación terrestre.
Sí, supongo que todos habríais supuesto una solución similar.
Eso sí, no penséis en ningún momento que para crear una patente es sólo necesario tener una idea. Para el caso de este invento, son 38 las páginas de explicaciones y curiosos esquemas que Pedrick escribió. Aquí podéis consultarlo.
Y a continuación os dejo algunos de sus dibujos. Por si os interesa aplicar la idea, claro…
Vía | Patently Absurd! (en inglés)
Comentarios
O_o
Creo que sería mas fácil entrenar a un montón de ballenas para que remolquen glaciares hasta la costa y luego con explosivos se detonan los glaciares y hacemos que llueva en el desierto cubitos de hielo…
Lo que realmente creo es que algunos inventores tienen demasiado tiempo libre y acaban delirando (mucho).
¡Ja ja ja!
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