Serge Haroche, premio Nobel de Física: "El auge de los movimientos populistas en todo el planeta se debe a la falta de educación de la población"

  • El Nobel de física en 2012 reflexiona en el festival Starmus de Tenerife sobre el papel de las redes sociales y la inteligencia artificial en la desinformación y en la ciencia

  • También habla de multimillonarios y misiones espaciales, de negacionismo y de si la IA podrá superar a los científicos

Haroche Sobre Populismo E Ia
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Redacción Xataka Ciencia

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Serge Haroche lo tiene claro: “El auge de los movimientos populistas en todo el planeta se debe a la falta de educación de la población”. El físico francés lo defiende en una entrevista de Ciencia en El Día durante el festival Starmus de Tenerife, donde se mostró tan esperanzado de que la inteligencia artificial (IA) no arrebate el puesto de trabajo a los científicos como frustrado por la deriva educativa de la población.

Haroche ganó el premio Nobel de Física en 2012 por unos métodos experimentales para medir y manipular sistemas cuánticos individuales. El diario recuerda que se le conoce, además, por su lectura crítica de cómo la política, la economía y la tecnología están configurando el mundo y el devenir del conocimiento. La cita fue la octava edición de Starmus, y la primera pregunta fue si la población estará preparada cuando se descubra vida fuera de la Tierra.

Su respuesta: sí. Lo que le gusta de ese tipo de investigación, explica, es que es “completamente inútil” y exige mucho dinero, y que nuestra civilización todavía pueda permitírselo “a pesar de todas las cosas malas que suceden en el mundo”. Eso es lo que le da esperanza: seguimos aspirando al conocimiento por el conocimiento y no al conocimiento para obtener beneficios, algo que, a su juicio, demuestra que hay algo bueno en la humanidad. Plus: ni siquiera cree que sea del todo inútil, porque las técnicas y la sensibilidad que hay que alcanzar para estudiar la atmósfera de un planeta lejano pueden resultar útiles más adelante para aplicaciones en la Tierra.

Ocurre que esa colaboración científica mundial no pasa por su mejor momento. La periodista le plantea que proyectos internacionales como la Estación Espacial Internacional corren riesgo por las rivalidades políticas y los conflictos, mientras las misiones privadas no dejan de crecer.

Haroche lo enmarca en algo más amplio: personas extremadamente ricas están tomando el poder y se alinean con determinados gobiernos, como el de Estados Unidos, para asumir decisiones que en principio corresponden a los gobiernos en beneficio de la ciudadanía. Cree que eso no es bueno, y que un solo hombre pueda decidir, por ejemplo, si Ucrania sigue recibiendo información para su defensa le parece “algo muy grave”.

Además, sostiene que algunas de las investigaciones que financian esas personas tampoco son muy científicas: “pensar en llevar a un millón de personas a Marte no es realista”. Menciona también los estudios para lograr la inmortalidad, que impulsan porque creen tener tanto poder que pueden dominar su propio futuro, y los considera problemáticos. Cuando la periodista le dice que entiende que se refiere a Elon Musk, responde que sí, pero no solo de él porque, “por desgracia, no está solo y, encima, está contaminando el espacio con una cantidad ingente de satélites”.

Sobre el negacionismo y las actitudes anticientíficas, Haroche dice que es “muy preocupante” y deja a las ciencias sociales el reto de entender por qué ocurren. Su hipótesis es que muchas personas están resentidas por haberse quedado al margen, y ven la riqueza que se acumula con los intercambios globales y el mercado, no perciben que les llegue parte de ella y acaban sintiendo que existe una especie de conspiración de las élites contra ellas. De ahí el salto, quien está contra las élites está contra el conocimiento, y quien está contra el conocimiento está contra la ciencia, algo que Haroche considera “irracional y muy perjudicial”.

¿La solución? La educación. Haroche recuerda que tras la Revolución francesa fue necesario un gran cambio educativo: antes solo los nobles recibían una formación de alto nivel y después la idea era educar a todo el mundo. En ese contexto, el matemático y filósofo Nicolás de Condorcet escribió un tratado sobre educación en el que explicaba que la única manera de que una democracia funcione es que los ciudadanos tengan una mentalidad crítica que les permita distinguir entre demagogos y personas serias. Para el físico, esa falta de educación está en la base de las noticias falsas, que “se ven amplificadas por las redes sociales y todos estos medios de comunicación”.

Añade que las redes sociales son una gran paradoja. Existen gracias a Internet, que a su vez descansa en una enorme infraestructura tecnológica de millones de kilómetros de fibra óptica que atraviesan el mundo, y todo eso se usa para propagar noticias falsas y crear comunidades de personas con “ideas disparatadas”.

Sobre la IA, Haroche cree que puede amplificar ese fenómeno, pero que también cabe esperar que sirva para moderarlo y controlarlo. Sea como fuere, dice, estamos en “un momento decisivo, en un punto crítico”, y la cuestión es si se usará para vivir en un mundo mejor, con la comunicación mejor controlada, o para hacer cosas malas y manipular a las personas. Él mismo lo resume así: “¿la matamos o intentamos domesticarla? No lo sé”.

¿Y la ciencia? La gran pregunta, según Haroche, es si la IA llegará a superar a los humanos en investigación y descubrimientos. Reconoce que, al combinar elementos ya conocidos, es mucho más eficiente que el cerebro humano: se han demostrado o refutado muchas conjeturas matemáticas porque bastaba con combinar lo que ya se sabía, igual que en el ajedrez o en el Go, donde las reglas están establecidas. Quanta Magazine cuenta en un reportaje sobre los problemas de Erdős cómo la IA ha avanzado en ese terreno. Su apuesta: “Tengo la esperanza de que las grandes revoluciones científicas requieran una creatividad que no pueda surgir de la IA”, porque no consisten en usar datos conocidos, sino en imaginar cosas nuevas desde una perspectiva diferente.

Algunos expertos internacionales han advertido en Starmus de que la IA acabará superándonos. Haroche opina que no debería suceder y que no sucederá, pero le preocupa la visión de Geoffrey Hinton, a quien llama el “padrino de la IA”. Según el físico, Hinton cree que ocurrirá y que lo único que cabe esperar es “convertir a la IA en nuestra madre”: que no sea nuestra esclava, sino que cuide de nosotros. Es una idea próxima a su propuesta de dotar a los modelos de “instinto maternal”, que Fortune recogió el 14 de agosto de 2025.

Foto | Bengt Nyman (vía Wikimedia Commons CC BY-SA 2.0)


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