Los medios de comunicación pasan por las mismas fases (de mejor a peor)

Los medios de comunicación pasan por las mismas fases (de mejor a peor)
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El otro día denunciábamos cómo uno de los periódicos de mayor difusión de España sugería que el Reiki ayudaba combatir la COVID-19. Varios medios hemos logrado que se retirara tal barbaridad.

Pero uno se pregunta, entonces, cómo un medio de comunicación tan importante puede llegar a publicar cosas así (no digamos ya algunas de sus Contras, la sección del horóscopo...). En el fondo, forma parte de su proceso natural como medio de comunicación. Un proceso por el que pasan todos los medios de la historia: básicamente, de mejor a peor.

Cinco fases

Cualquier nuevo medio de comunicación acaba por pasar la siguientes fases:

  1. Pronósticos negativos por parte de los analistas o incluso del propio inventor del medio. Con el advenimiento del teléfono, se dijo que este acabaría con la intimidad. Que la radio no tenía sentido. Que el cine no interesaría a nadie. Que para los ordenadores personales no habría suficiente demanda.
  2. Una asimilación progresiva a nivel social. La gente empieza a usar esos medios y se descubre que son interesantes.
  3. Una distribución de enormes beneficios culturales y materiales en la sociedad. Los medios ilustran a la gente, incluso a algunos sectores de la masa social. Por ejemplo, la radio, en sus orígenes, se sustentaba en programas que educaran al pueblo.
  4. Una progresiva mercantilización del medio. Llega la publicidad, la competencia, el ánimo de lucro, y los creadores de contenidos empiezan a ser tentados e influidos por esos factores
  5. Una progresiva devaluación del medio en lo tocante a los beneficios culturales y materiales en aras de maximizar la mercantilización. El medio ya no sirve para lo que fue concebido, sino para obtener más beneficios económicos (aunque sin exagerar demasiado para que no desaparezca del todo el marchamo de respatibilidad que permite seguir contratando publicidad).

Estas fases tuvieron lugar, por ejemplo, con el primer gran medio de comunicación: la imprenta de Gutenberg, año 1450

También sucedió con el telégrafo, que ha sido comparado como una suerte de internet victoriano. Este dispositivo fue inventado por Samuel Finley Breese Morse, estadounidense, en 1832.

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Ocurrió lo mismo con el periódico: los primeros tenían pocas páginas y eran muy caros, así que solo se dirigían a personas cultas y ricas. Alguien ideó una forma de negocio nueva que consistió en bajar el precio sufragando en parte los gastos de redacción, impresión y distribución insertando publicidad, lo que obligó a añadir más páginas (para que la publicidad pudiera distribuirse mejor).

A medida que más personas compraban periódicos, los beneficios por publicidad aumentaban, así que los editores no tardaron en darse cuenta de que insertando noticias amarillistas o morbosas, eso aumentaba las ventas, es decir, los beneficios, lo que, a su vez, obligaba a poner más páginas de noticias superfluas.

O poner noticias amarillistas e impactantes, aunque falsas, como las que empezó a introducir el magnate de los medios de comunicación William Randolph Hearst.

Y, por supuesto, también ha ocurrido lo mismo con la industria editorial.

Y ahora está empezando a ocurrir, también, con algunos medios digitales (unas plataformas se vulgarizan y aparecen otras menos vulgarizadas que terminarán también por vulgarizarse). Incluso los blogs, nacidos como una herramienta de empoderamiento de la sociedad, finalmente el 99,9% de ellos apenas llegaron a una audiencia ínfima, porque la masa prefiere las noticias gancho, los clickbaits, la mala baba de Perez Hilton, lo viral, el meme, los «y no creerás lo que pasó a continuación».

Solo son fuerzas comerciales (o políticas), ciegas y azarosas, que alcanzan con sus tentáculos a cualquier medio. Es algo así como un proceso natural imparable. La siguiente historia de ciencia ficción quizá os sirva para imaginaron mejor el proceso:

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