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Día de la Liberación: la utopía de una democracia compuesta por ciudadanos bien informados (I)

Día de la Liberación: la utopía de una democracia compuesta por ciudadanos bien informados (I)
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Hace un tiempo os introduje en la democracia líquida, acaso una revolución para la actual democracia fosilizada compuesta por ciudadanos poco o nada informados que depositan su voto cada cuatro años para que una panda de mangantes, en el mejor de los casos, o imbéciles, en el peor, hagan y deshagan como pequeños dictadores.

La democracia líquida es menos utópica de lo que parece. El Partido Pirata, presente en diversos países, ya la incorpora en su programa. Basta un parlamento virtual y hacer uso de nuestro DNI electrónico.

Podremos votar acerca de mil asuntos o transferir nuestro voto en aquella persona que creamos más versada que nosotros. Podemos cambiar el voto tantas veces como queramos antes de que se cierre el período de votación (para evitar chantajes).

Sin embargo, algunos de los que leísteis aquel artículo aún albergabais vuestras dudas acerca de las responsabilidad, cultura e información de los ciudadanos. Porque, incluso a la hora de transferir nuestro voto, debemos estar mínimamente informados acerca de quién sabe más que nosotros. Algo que puede parecernos un tanto sombrío si tenemos en cuenta que muchos ciudadanos hacen de la incultura un deporte.

Tres argumentos

Lo primero que cabe argüir al respecto es que en la actual democracia tal incultura sigue manifestándose: la democracia líquida sólo pretende minimizar los efectos perniciosos de masas de personas que no necesariamente están bien informadas al respecto de todos los asuntos políticos, económicos, sociales, científicos, etc.

Lo segundo: quizá la gente parece más idiota de lo que es porque nunca ha recibido el suficiente grado de confianza, jamás se ha visto dueña realmente de su porvenir y del de sus hijos en cada mínimo detalle del tejido social en el que convive.

Y lo tercero: en National Issues Convention Deliberative Poll, un ingenioso experimento llevado a cabo en 2003 por parte del politólogo de la Universidad de Texas James Fishkin.

En pocas palabras, el experimento consistió en reunir a 343 personas (seleccionadas con objeto de formar una muestra representativa de la población de Estados Unidos) para discutir sobre la política exterior del país.

En la próxima entrega de este artículo os explicaré los resultados el experimento.

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