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La teoría de la conspiración relativa a la pandemia ha matado a cientos de personas, según un estudio

La teoría de la conspiración relativa a la pandemia ha matado a cientos de personas, según un estudio
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Que si el coronavirus no existe, que si quieren introducirnos nanobots, que si el 5G... y toda una larga lista de dislates magufos han sido propagados por cientos de personas, incluso algunos famosos, como Miguel Bosé (últimamente desatado).

Estas teorías de la conspiración, amén de los rumores, los malos consejos basados en pseudociencias o el amimuncionismo pueden resultar ridículas o hasta divertidas, pero tienen un coste social a menudo invisible. Según un estudio, al menos 800 personas han sido víctimas de todo ello.

Magufería COVID

En un nuevo estudio, un equipo internacional de investigadores de enfermedades infecciosas ha revisado las redes sociales y los sitios web de noticias para monitorear cómo circulaba la información errónea de la COVID-19.

En total, identificaron más de 2.300 informes de rumores y teorías de conspiración relacionados con COVID-19, comunicados en 25 idiomas de 87 países diferentes.

Ninguna de esta información errónea es útil, incluso si se pretende que lo sea, y gran parte de ella es dañina. En algunos casos, es letal y provoca muertes y lesiones evitables a una escala verdaderamente trágica. Por ejemplo, un mito popular de que el consumo de alcohol altamente concentrado podría desinfectar el cuerpo y matar el virus estaba circulando en diferentes partes del mundo.

Tras esta desinformación, aproximadamente 800 personas han muerto, mientras que 5.876 han sido hospitalizadas y 60 han desarrollado ceguera completa después de beber metanol como cura del coronavirus.

En medio de este torbellino de información errónea, incluso las verdades erróneas relativamente benignas pueden volverse peligrosas en las manos equivocadas. O sea, Miguel, cállate un rato, y si no lo haces al menos procura que tus datos procedan de estudios enlazados.

Los investigadores reconocen una serie de limitaciones de su estudio y señalan que no investigaron ni dieron seguimiento a la información errónea que descubrieron online, ni determinaron la cantidad de personas que creían en un rumor o conspiración determinados.

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