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¿Por qué bostezamos?

¿Por qué bostezamos?
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Amigos de Genciencia, probemos algo: acomódense mientras leen este post e imagínense a ustedes mismos bostezando.

¿Han podido reprimir las ganas de bostezar? Yo, sinceramente, he bostezado como dos mil veces mientras escribía.

El misterio del contagio del bostezo ha sido durante décadas, y sigue siendo, un tema de interés para la ciencia, que todavía hoy sigue sin aclarar todos los interrogantes que le rodean. Por contagio, entendemos la tendencia a que un comportamiento particular se extienda a un grupo, como si fuera una reacción en cadena.

El bostezo se caracteriza por una única e incontrolada inhalación profunda con la boca abierta, una gran separación de mandíbulas, la lengua extendida hacia abajo y la faringe dilatada. Esto incluye un estiramiento de gran número de músculos faciales. Se entornan o cierran los ojos y se inclina la cabeza hacia atrás implicando a los músculos del tronco, siendo también frecuente el estiramiento de brazos.

Pero el bostezo no es tan solo un signo de cansancio o de aburrimiento, es también un signo mucho más general de cambio de condiciones en el interior de nuestro organismo.

Las primeras explicaciones contaban que sucedía cuando se incrementan los niveles de dióxido de carbono en la sangre y hay mayor necesidad de oxígeno, pero se ha comprobado que es una teoría falsa pues el bostezo reduce la entrada de oxígeno en comparación a la respiración normal.

Más tarde se hicieron experimentos en los que científicos descubrieron que bostezar es un proceso que protege a nuestro cerebro del sobrecalentamiento.

En el curso del día, nuestro cerebro se calienta hasta el punto de quemar, él solo, un tercio de las calorías que consumimos. Para lograr funcionar de forma más eficiente, el cerebro necesita que se le enfríe. Por eso, cuando una persona bosteza, se incrementa instintivamente el flujo de sangre que aporta el aire fresco.

Estudios cuentan que algunos primates usan el bostezo para mantener el orden en su propia estructura social, en la que se observa el mismo comportamiento contagioso. Y es que bostezar no es sólo de humanos, sino que al parecer, todos los animales vertebrados bostezan en mayor o menor medida; en algunas especies más los machos que las hembras (entre humanos ambos sexos con igual frecuencia).

Otra teoría indica que es un residuo de nuestro pasado evolutivo. Cuando el hombre era cazador, los bostezos eran una forma indicativa de alerta en forma de aviso para que el grupo se mantenga vigilante.

Podemos seguir contando miles de hipótesis, pero sin embargo, sus motivos definitivos siguen siendo un misterio.

Muy divertido y anecdótico, pero misterio al fin y al cabo.

Vía imagen | flickr

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