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¿Por qué un artículo aburrido sobre ciencia se hizo viral?

¿Por qué un artículo aburrido sobre ciencia se hizo viral?
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Los artículos de ciencia pueden ser entretenidos o un tostón. Por ejemplo, imaginad un artículo sobre los tipos de olor que puede desprender una vagina y qué se deduce de cada uno de dichos olores a nivel de salud. Tenéis ganas de leerlo, ¿verdad? Os pica la curiosidad. Y si encima el texto está escrito con una pizca de humor grueso, tanto mejor. Pero ¿y si os propusiera leer un artículo sobre el uso de las teorías de gases y fluidos en la investigación médica? Probablemente muchos de vosotros ya estaréis bostezando.

Pero no, no voy a hablaros de vaginas pestilentes (al menos no ahora, dadme tiempo). Os voy a hablar del tema que produce bostezo. Paciencia, esperad un poco, solo os pido leer una línea más: el artículo de marras del que os hablo fue un artículo viral. El día de su publicación, el 27 de octubre de 2008, miles de personas habían compartido el texto con amigos, familiares y compañeros de trabajo, convirtiendo el artículo en uno de los más compartidos del The New York Times.

El artículo estaba muy bien escrito, pues Denise Grady, su autora, lleva muchos años divulgando sobre ciencia y tiene la mano rota a la hora de resultar seductora con los temas que escoge. Sin embargo… ¿qué tenía de especial aquel artículo aparentemente aburrido?

En el texto se habla de la fotografía schlieren, que permite inmortalizar la variación de densidad de un fluido, y que permite ver el flujo de aire que rodea a un objeto en movimiento. No aparecían ni gatitos, ni caídas de padres torpes, ni monadas de bebés. Nada de nada, ni rastro. Una pista puede estar en el título del artículo: “La tos misteriosa filmada”.

Gracias a este tipo de fotografía, se podía contemplar cómo se desplazaba el aire que expulsamos al toser. Y, con ello, estudiar la propagación de las enfermedades que se transmiten por el aire, como la gripe. ¿Tal vez el secreto estaba en la gripe?

Tampoco: el artículo fue publicado cuatro meses antes de la temporada de gripe, que tiene su punto máximo en febrero. La razón del éxito del artículo de Grady, según una investigación de Jonah Berger, autor del libro Contagioso, parece que fue la fotografía que acompañaba el artículo. Esta fotografía:

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La foto era tan asombrosa para la gente, que la gente decidió compartir el texto, aunque estuviera plagado de jerga científica.

¿Y el artículo sobre los olores de la vagina? En ese caso, os estoy hablando de un caso personal. En todos los años que llevo escribiendo, el artículo que más viralidad ha obtenido probablemente sea éste, el de los olores de la vagina. Su éxito fue tal que apareció en distintas emisoras de radio. Y, a día de hoy, todavía recibe cientos de visitas al día. Al parecer, cuando alguien busca algo relacionado con los olores de una vagina (esta clase de temas, que incumbe también a los genitales masculinos, son carne de Google porque a casi nadie le gusta compartirlas con su médico), aparece mi artículo.

La viralidad parece que se produjo gracias a un título llamativo, mezclado con un SEO potente: viva la cibercondria y el pudor. Y el tufo. Porque hablar de los olores del cuerpo siempre me ha proporcionado muchos parabienes.

La mayoría de las veces entendemos la mecánica de la viralización a posteriori. Sí, todos sabemos que la gente le gusta las listas, los problemas médicos que no se atreve a abordar con su médico, las fotos de gatitos. En general, parece que el lector comparte lo leído si le genera alguna emoción. Pero, aparte de esos trazos con brocha gorda, no sabemos mucho más. La viralización continúa siendo un misterio (si no fuera así, habría medios de comunicación que siempre tendrían éxito).

Parte del artículo era muy técnica, con discusiones acerca de aerosoles contagiosos y mapas de velocidad. Pero, por encima de toda la jerga científica destacaba una imagen, una imagen que hizo que Grady se decidiera a escribir su artículo. En pocas palabras, fue asombroso. La razón por la cual la gente compartió el artículo de Grady fue la emoción. Si algo nos importa, lo compartimos.

Y ahora, si queréis compartir, ya sabéis.

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