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Los medios de comunicación se aprovechan de nuestra amígdala para avivar miedos que ya no tienen sentido

Los medios de comunicación se aprovechan de nuestra amígdala para avivar miedos que ya no tienen sentido
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¿Por qué aparecen más noticias sobre homicidios en vez de suicidios cuando hay diez veces más suicidios que homicidios? ¿Por qué algunos de los miedos modernos más publicitados y debatidos son las torres de telefonía o el WiFi en vez de las caídas accidentales? ¿Por qué aparecen titulares de ataques de tiburones en ciudades sin playa? ¿Por qué regularmente se anuncia la llegada de un meteorito que pasará de refilón por nuestro planeta?

Porque nuestros miedos más atávicos respondem básicamente a tres factores. Son miedos fraguados hace miles de años, en circunstancias que nada se parecen a las actuales. Y los medios de comunicación lo saben. Y por eso suelen informar más sobre las cosas que activan esos miedos atávicos aunque haya peligros y asuntos mucho más graves.

La amígdala hipocondríaca

La mayoría de los cálculos sobre los riesgos que no rodean no los efectuamos racionalmente. Además, el miedo irracional tiende a desestabilizar la báscula coste / beneficio. Simplemente, nos dejamos llevar por el pánico, por la histeria colectiva, por las noticias dramáticas divulgadas por medios de comunicación que batallan en el mercado de la atención.

La amígdala se ha convirtiendo así es un riesgo en sí misma, en una histérica y una hipocondríaca que nos obliga a concentrarnos en lo que no debería darnos miedo, lo que a la vez permite que lo que debería darnos miedo pase desapercibido. Y los medios de comunicación, de forma irresponsable (y también como única forma de sobrevivir en un mercado donde los sueldos se pagan en parte con la publicidad), no dejan de excitar la amígdala.

Por consiguiente, los sucesos poco habituales atraen una atención desproporcionada de los medios, generándose lo que el Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman describe como «cascadas de disponibilidad»: cadenas de acontecimientos aterradoras pero infrecuentes que aparecen en los medios en cascada y que acaban provocando un efecto bola de nieve.

Por ello, como ha calculado el estadístico británico David John Spiegelhalter en su libro The Norm Chronicles: Stories and numbers about danger, de promedio se necesitan más de 8 000 víctimas del tabaco para que aparezca una sola noticia sobre el tema en BBC News, más de 7 000 víctimas de la obesidad, más de 4 000 víctimas del alcohol… pero solo unas pocas del Sida, el sarampión o del mal de las vacas locas.

O como resume Marc Siegel en False Alarm: The Truth About the Epidemic of Fear:

Estadísticamente, el mundo industrializado nunca ha sido más seguro que ahora. Muchos de nosotros vivimos más y con menos incidentes que nunca. Sin embargo, vivimos los miedos del peor de los casos […] Los peligros naturales ya no están ahí, pero los mecanismos de respuesta siguen en su sitio, y hoy día están en funcionamiento la mayor parte del tiempo. Hemos convertido nuestro mecanismo adaptativo del miedo en un pánico injustificado.

Podéis ver cómo funciona la amígdala y qué factores la excitan (y los medios de comunicación los alimentan) en el siguiente vídeo:

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