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Guerra por calor

Guerra por calor
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¿Os acordáis de la escena en la que Michael Douglas pierde los estribos definitivamente en la película Un día de furia? Es un día tonto todo parece salir mal, donde la idiocia generalizada es más evidente que de costumbre y donde, sobre todo, hace mucho, mucho calor.

Muchos conflictos militares, de hecho, se han visto tan influidos por las estrategias como por la cantidad de luz solar o la temperatura medioambiental. Es lo que, al parecer, descubrió Gabriel Schreiber estudiando 2.131 batallas ocurridas en los últimos 3.500 años.

Según el análisis de Schreiber hay una pauta que correlaciona temperatura y guerra, tal y como explica el neurólogo Dick Swaab en su libro Somos nuestro cerebro:

La decisión de iniciar las hostilidades en el hemisferio norte se ha tomado durante siglos en el verano; en el hemisferio sur durante nuestro invierno, y alrededor del ecuador se hacía independientemente de las estaciones. Y, por supuesto, también hay que tener en cuenta las condiciones sociales desfavorables y la falta de educación que pueden acarrear una conducto agresiva y delincuente, los únicos factores que contaban para las generaciones anteriores.

Imagen | Moyan_Brenn

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