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Si eres inteligente es más probable que seas intolerante que si no eres tan inteligente

Si eres inteligente es más probable que seas intolerante que si no eres tan inteligente
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Todos estamos cruzados de sesgos. Todos tendemos al tribalismo. A enamorarnos de ideas que forman los cimientos de nuestros altos, hermosos y frágiles castillos de naipes. Naturalmente, todos somos intolerantes con los miembros de exogrupo (y con todas las ideas que de allí provengan).

La diferencia es que las personas más inteligentes disponen de herramientas más sofisticadas para enarbolar justificaciones para esa intolerancia. No importa cuál sea tu punto político: si eres más inteligente podrás ser, probablemente, más maquiavélico a la hora de desplegar tu intolerancia.

Liberales y conservadores

Esto es lo que sugiere un nuevo estudio publicado en Journal of Personality and Social Psychology. Concretamente, establece que los estadounidenses conservadores son ideológicamente más intolerantes que los liberales, porque los primeros son más políticamente sofisticados.

Según explican los autores:

La alta capacidad cognitiva permite a los individuos más recursos cognitivos, lo que los hace más capaces de razonar sobre su ideología política y justificarla. Desde esta perspectiva, la capacidad cognitiva influye en la intolerancia ideológica porque es probable que aquellos con mayor capacidad cognitiva tengan una mayor sofisticación política que aquellos con menor capacidad cognitiva y, como resultado, es más probable que confíen en su ideología al formar actitudes hacia el exogrupo ideológico, lo que hace más destacada la diferencia con el grupo externo.

Esta relación entre la ideología y la intolerancia exógena también parecía estar influenciada por el extremismo. Tanto entre los conservadores como entre los liberales, las opiniones ideológicas extremas estaban vinculadas a una mayor intolerancia hacia el grupo ajeno.

Los investigadores señalan que al comparar los datos de los dos estudios realizados en función de encuestas, parecía que el desagrado de los grupos externos era mucho mayor en la muestra reciente de la década de 2010 en comparación con la muestra de la década de 1980, lo que probablemente refleja la mayor polarización de la política estadounidense.

Por ello también aparecen más ejemplos de liberticidio, tanto de un bando como del otro. Nadie persigue la verdadera libertad de expresión. Siempre hay líneas rojas ideológicas, cordones sanitarios, cancelaciones culturales, incluso asesinatos o agresiones. Siempre hay alguna facultad que no quiere, por la fuerza, que un ponente expongan sus ideas porque consideran que sus ideas son monstruosas.

Por ello, en todos los países, y hasta hace muy pocos años, era normal que el genocidio fuera defendido por intelectuales de talla internacional. Justo ahora vivimos en una época extraña donde un mínimo porcentaje de personas opina que todos deben decir la suya, y que en caso de que colisionen dos derechos, hemos de procurar que prevalezca el de la libertad de expresión.

Tal vez en breve vuelva a desaparecer ese pequeño porcentaje. Hagamos lo posible para que no pase. Para que unos no piensen que los otros son cucharachas y que merecen censura, cárcel, cancelación o cordón sanitario. Para que al menos un pequeño porcentaje de personas no piense que la solución a un mundo perfecto pasa por eliminar a los que no te caen bien:

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