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En realidad hombres y mujeres no son tan distintos entre sí: el origen de un mito

En realidad hombres y mujeres no son tan distintos entre sí: el origen de un mito
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Las mujeres son mejores en competencias lingüísticas, los hombres son mejores en matemáticas. Éste es una de tantas ideas que han cristalizado en la cultura popular que diferencian a hombres y mujeres. Pero esta idea no parece tener mucho sustento, como os expliqué en ¿De verdad que las mujeres son más incompetentes en matemáticas que los hombres? Lo que parece ocurrir es que la propia presión cultural propicia que esta diferencia se agigante.

Y, si bien hombres y mujeres son distintos, la investigación moderna está poniendo cada vez más en entredicho que sean tan, tan distintos como se sugería. Es decir, que los hombres no son de Marte y de Venus, sino que en Marte hay hombres y mujeres, y en Venus, también.

Si bien el cerebro más primitivo fue forjado hace miles de años, las capas superiores son más nuevas, las capas implicadas en las funciones superiores y los razonamientos más sofisticados, y ésta parte del cerebro más evolucionada también es más plástica y puede modularse más fácilmente por el aprendizaje.

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Esto es lo que quiso demostrar en 2005 la psicóloga Janet Hyde, de la Universidad de Wisconsin, en su estudio The Gender Similarities Hypothesis, donde hacía una exhaustiva revisión de 46 metaanálisis que examinaban las diferencias psicológicas entre hombres y mujeres. Tal y como lo explica Pere Estupinyà en su libro S=EX2:

Es el trabajo más riguroso publicado hasta la fecha (…) En la mayoría de funciones cognitivas y características psicológicas, hombres y mujeres son mucho más parecidos de lo que en ocasiones sugieren estudios aislados. De alguna manera, lo que Hyde sugería era que en cuanto a funciones sofisticadas hay mayor diversidad interna entre grupos de hombres o de mujeres que genéricas entre hombres y mujeres.

Justo en lo que Hyde sí encontró diferencias significativas fue en algunas reacciones emocionales como la agresividad, ciertos aspectos motores y sobre todo en el comportamiento sexual.

Es decir, para los instintos y las emociones, hombres y mujeres somos diferentes por razones biológicas. Pero en cuanto a comportamientos más sofisticados, somos diferentes en función de la cultura.

A esto es importante sumarle otro factor fundamental: cierto que en ocasiones el instinto, el deseo y el comportamiento primitivo pueden emerger con fuerza de la profundidades más emocionales de nuestro cerebro y generar un conflicto si nuestra corteza cerebral, sede del pensamiento racional, están lanzándonos mensajes inhibitorios. Pero a no ser que seamos seres primitivos, poco educados o con lesiones cerebrales, nuestra especie tiene liberta de control. Es decir: quizá no podemos decidir qué nos gusta, pero sí hacer o no lo que nos guste.
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