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El efecto Proteo: la belleza determina la seguridad en uno mismo… incluso en un mundo virtual (y II)

El efecto Proteo: la belleza determina la seguridad en uno mismo… incluso en un mundo virtual (y II)
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Se realizaron más experimentos que confirmaban estas correlaciones entre belleza y seguridad en uno mismo en entornos virtuales. Pero lo más llamativo de todo ello no fue lo que sucedía en el mundo virtual, sino lo que acabó sucediendo en el mundo real: las personas a las que se les había asignado avatares atractivos mostraron mayor confianza también en el mundo real.

Como si al ser de repente atractivos les hubiera dejado un impacto residual que luego podían mantener durante cierto tiempo en su vida cotidiana. Imaginaos que podéis ser Brad Pitt o Angelina Jolie durante una semana, parte de vuestra seguridad adquirida se mantendría a regresar a vuestros humildes cuerpos humanos.

Así pues, los mundos virtuales podrían tener incluso aplicaciones terapéuticas interesantes. No hace falta pensar en que a Quasimodo le hubiera ido mucho mejor en la vida si hubiese dispuesto de un ordenador con conexión a Second Life en la catedral de Notre Damme. Por ejemplo podemos el uso de avatares para desempeñar roles (como ser discapacitado) en entornos virtuales para incrementar la empatía hacia los discapacitados.

Pero, por qué no, también se podrían asignar avatares atractivos a personas con baja autoestima o que poseen una imagen distorsionada de su cuerpo.

Y es que, a pesar de las fronteras digitales, nuestra humanidad no queda nunca excluida. Seguimos siendo muy parecidos en mundos tipo Matrix que en mundos Reales. Existen los mismos prejuicios, envidias y demás rasgos humanos y se manifiestan de una forma tan intensa en todos los mundos posibles.

Por ejemplo, en el mundo virtual la gente parece actuar según estereotipos sociales. En un estudio realizado en el mundo virtual There.com se investigó la disposición a ayudar a individuos de otras razas que así lo solicitaban. Resultó que las peticiones de ayuda procedentes de avatares de piel oscura se atendían en mucha menor medida. Y los avatares también siguen las normas de género del mundo real; por ejemplo, dos avatares masculinos (independientemente del sexo de las personas que los controlan) mantienen mayor distancia interpersonal en el mundo virtual que la que mantienen los avatares femeninos, y los avatares masculinos miran menos a los ojos de otros avatares.

Vía | Conectados de Nicholas A. Christiakis y James H. Fowler

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