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El efecto anclaje: la contaminación de juicios y convicciones

El efecto anclaje: la contaminación de juicios y convicciones
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No es la primera vez que os hablo de la poca solvencia de nuestro cerebro a la hora de elaborar juicios o forjar convicciones sobre el mundo. El efecto anclaje no es más una de estas manifestaciones del la imperfección.

El efecto anclaje contamina nuestra opinión sobre las cosas mediante información periférica o incluso irrelevante.

Un ejemplo tonto lo constituye el preguntar cuán divertidos son los dibujos animados de la tele: si el sujeto sostiene un bolígrafo entre los dientes con delicadeza, sin que llegue a tocar los labios, considera los dibujos animados más divertidos si el sujeto está sosteniendo un bolígrafo con los labios apretados. Esto ocurre porque, al sostener el bolígrafo con delicadeza, las comisuras de nuestros labios apuntan hacia arriba, formando una especie de sonrisa. Este gesto tiende a generar pensamientos felices: sonreír mejora el humor aunque la sonrisa sea forzada.

Pero esto es sólo una anécdota. Uno de los experimentos más innovadores de contaminación mental fue llevado a cabo por los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman, que hicieron girar una ruleta de la fortuna marcada con los números del 1 al 100 y, a continuación, formularon a los sujetos del estudio una pregunta que no guardaba relación alguna con el resultado de la rotación de la ruleta:

¿Qué porcentaje de países africanos pertenece a la ONU?

Nadie conocía la respuesta con exactitud, así que dieron una solución aproximada. Lo curioso es que sus respuestas se vieron contaminadas por el número que se había detenido en la ruleta. Si salía un 10, por ejemplo, la respuesta típica era un 25 %. Si salía el número 65, la respuesta típica era el 45 %.

Este efecto ocurre con frecuencia en nuestra vida cotidiana. Para comprobarlo, llevad a cabo el siguiente experimento que propone el psicólogo Gary Marcus:

Sumen 400 a los últimos tres dígitos de su número de móvil. Una vez realizada la operación, contesten a la siguiente pregunta: ¿en qué año terminaron por fin los saqueos de Atila, rey de los hunos, en Europa? La respuesta media de las personas cuyo número de móvil, sumado a 400, da una cifra inferior a 600 fue 629 d.J.C., mientras que las personas que obtuvieron una cifra entre 1.200 y 1.399, su cálculo medio fue 979 d.J.C., 350 años después. (...) Durante el proceso de anclaje y ajuste, la gente parte del punto inicial arbitrario y sigue adelante hasta que encuentra una respuesta de su agrado.

Esta clase de defecto mental también permite a los supermercados vender más latas de sopa con el rótulo “Un máximo de 12 por cliente“ que con el de “un máximo de 4 por cliente“.

Vía | Kluge de Gary Marcus

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