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El cerebro transparente: descubriendo los inquietantes secretos de nuestro cerebro

El cerebro transparente: descubriendo los inquietantes secretos de nuestro cerebro
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Hasta que llegaron las tecnologías de exploración no invasiva del cerebro, como la tomografía por emisión de positrones, el funcionamiento del cerebro era un misterio. Siendo el órgano más fascinante de todos, siempre ha permanecido mejor oculto que el resto, bajo nuestro cráneo.

Sin embargo, empezamos a conocer algunos de los secretos que esconde nuestra masa gris (no en vano, el siglo XXI ya ha sido bautizado como el siglo del cerebro). Sin ir más lejos, en 2013, científicos de la Universidad de Stanford anunciaron haber logrado volver transparente el cerebro de un ratón, así como algunas partes del cerebro humano.

Esta técnica permite contemplar el cerebro desnudo. Ello sucede porque, a escala celular, cada célula por separado es transparente, y todos sus componentes microscópicos están completamente a la vista. Si al mirar nuestros órganos no vemos esa transparencia es porque, al unirse miles de millones de células, la adición de lípidos (grasas, aceites, ceras y compuestos químicos no solubles en agua) contribuye a la opacidad del órgano.

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Cerebro transparente
Lo que hace esta nueva técnica es eliminar los lípidos, dejando las neuronas intactas, tal y como explica Michio Kaku en su reciente libro El futuro de nuestra mente:

lo consiguieron introduciendo el cerebro el hidrogel (una sustancia parecida a un gel compuesta en su mayor parte por agua), que establece vínculos con todas las moléculas del cerebro, salvo con los lípidos. Si se introduce el cerebro en una solución jabonosa y se aplica un campo eléctrico, se puede lavar la solución, que arrastra con ella los lípidos, dejando así el cerebro transparente. Si se añaden tintes, se pueden volver visibles las vías nerviosas.

Secretos inquietantes

Ahora que nuestro cerebro es más transparente que nunca antes en la historia de la humanidad, empezamos a descubrir algunos secretos que acaso pueden inquietarnos, porque ponen el solfa lo que creemos saber acerca de lo que somos, quiénes somos o cuál es el grado de participación de nuestra conciencia. A continuación, algunas pistas:

  • Una de las mejores analogías para comprender el cerebro es la de que el cerebro es como una gran empresa en la que existe mucha burocracia y líneas de autoridad. Nuestro cerebro es como una jungla darwiniana en la que conjuntos de neuronas compiten unos con otros por el predominio a la hora de responder a los estímulos del entorno. Así, accedemos a otro nivel de analogía, dejando atrás las que en su día nos sirvieron, en palabras del biólogo de Harvard Richard Lewontin: “Un día el cerebro fue una centralita telefónica, luego un holograma, luego una computadora digital elemental, luego una computadora de procesamiento paralelo y ahora es una computadora de procesamiento distribuido.”
  • La mayor parte de la información es “subconsciente”, como el estado de nuestro estómago, los dedos de los pies, el pelo, etcétera.
  • Tenemos escaso control sobre las emociones. Tal y como explica Kaku:
  • De manera que las emociones (el miedo, la ira, el pánico, etcétera) son luces rojas instantáneas, producidas por la evolución, que se activan a un nivel más bajo para advertir al centro de mando sobre una posible situación peligrosa o grave.

  • La noción del “yo” como un todo único y unificado que toda las decisiones es una ilusión cognitiva. La consciencia es como un torbellino de eventos distribuidos por todo el cerebro.
  • El cerebro sólo consume unos 20 vatios de potencia, lo mismo que una bombilla poco brillante. Si generase más calor, originaría daños en los tejidos, de modo que el cerebro siempre busca alternativas para economizar el consumo a fin de que el cuerpo se vuelva disfuncional.
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