Cuando nos suprimen esta parte del cerebro, dejamos de ser egoístas y tomamos decisiones que beneficen también a los demás

Cuando nos suprimen esta parte del cerebro, dejamos de ser egoístas y tomamos decisiones que beneficen también a los demás
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Muchas teorías del comportamiento económico ignoran la existencia de motivación prosocial en los seres humanos. Se cree que las personas persiguen intereses exclusivamente egoístas y no están interesadas en tomar decisiones que también beneficien a los demás. Sin embargo, la investigación neurocientífica demuestra que este no es el caso.

Por ejemplo, al interactuar con un extraño, es más rentable para un individuo asignar recursos de cualquier manera que le permita ganar tanto como sea posible. Pero es más probable que las personas conocidas cooperen, incluso cuando no hay castigo por el egoísmo. Así funciona nuestro deseo de cooperación y justicia, probablemente inherente.

Egoísmo y cooperación

Los investigadores saben que la corteza prefrontal dorsolateral derecha está involucrada en la elección entre el interés propio y la motivación prosocial, pero todavía no está del todo claro qué comportamiento exacto se desencadena por la activación de esta área. En algunos estudios, la supresión de la actividad de la región condujo a un comportamiento prosocial, mientras que en otros resultó en una búsqueda activa de intereses egoístas. En algunos casos, no produjo ningún efecto.

Para especificar el papel de la corteza prefrontal dorsolateral en tales situaciones, los investigadores de la Universidad de HSE llevaron a cabo un experimento con el uso de estimulación magnética transcraneal (TMS), que suprime la excitabilidad del área estimulada del cerebro.

Un total de 46 participantes de entre 18 y 27 años se dividieron en dos grupos. El primer grupo recibió estimulación de la corteza prefrontal dorsolateral durante cinco a siete minutos, mientras que el segundo grupo recibió estimulación de las áreas del cerebro responsables de la percepción visual. Luego, los participantes jugaron dos juegos económicos seguidos: un juego de dictador y un juego de generosidad.

Los investigadores encontraron que la supresión de la excitabilidad de la corteza prefrontal dorsolateral hacía que los participantes del juego del dictador dieran más a su pareja en comparación con aquellos cuya corteza visual estaba estimulada. No se observó tal efecto en el juego de la generosidad: los participantes compartieron aproximadamente de la misma manera independientemente del tipo de estimulación.

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