Han tenido que cruzar ADN de 103 especies con fósiles para averiguar que los murciélagos no vienen de donde pensábamos

El mayor análisis genético y fósil realizado hasta la fecha apunta a Europa como origen de estos particulares mamíferos

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Redacción Xataka Ciencia

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Los murciélagos aparecieron casi con total seguridad en Europa hace unos 65 millones de años, y no en Asia, África o Norteamérica como habían planteado distintas investigaciones. Es la conclusión de un estudio publicado en Nature que combina 103 genomas de murciélagos y 44 fósiles para reconstruir la historia evolutiva de estos animales. Tiene mérito, porque estamos hablando de uno de los grupos de mamíferos más difíciles de colocar en el árbol de la vida (vuelan, se dispersan por medio mundo y su registro fósil es bastante pobre). 

El trabajo, realizado por 137 investigadores de 64 países dentro del proyecto Bat1K, no solo propone de dónde salieron los primeros murciélagos: también modifica relaciones entre familias y sitúa el vuelo y la ecolocalización mucho más cerca del origen del grupo de lo que sugerían algunas hipótesis anteriores.

El mapa de los primeros murciélagos cambia de continente: el análisis sitúa con un 99,2% de probabilidad al antepasado de los murciélagos en Europa durante el Paleoceno tardío, hace aproximadamente 65 millones de años. Los modelos anteriores habían señalado lugares muy distintos: Norteamérica a partir de algunos análisis con fósiles, África en modelos biogeográficos antiguos y Asia en estudios más recientes basados solo en especies actuales. Es decir, durante años hemos ido moviendo el punto de partida por el mapa porque cada conjunto de datos contaba una historia diferente.

El paso clave en un misterio muy difícil

¿Y por qué ha costado tanto averiguarlo? Porque los murciélagos tienen una combinación de lo más engorrosa de características para un paleontólogo: todos vuelan y eso les permite recorrer enormes distancias, mientras que sus fósiles son escasos y muchas veces están representados por dientes o fragmentos de huesos. El nuevo estudio intenta salvar precisamente ese problema combinando dos archivos que hasta ahora no encajaban demasiado bien: ADN de especies actuales y anatomía de especies extinguidas. Para ello incorpora 699 caracteres morfológicos de 65 especies, entre ellas los 44 fósiles, y los cruza con datos genómicos.

La ecolocalización también entra en la historia desde el principio: el fósil Vielasia sigei, de unos 50 millones de años y procedente de Francia, queda situado dentro de la rama más antigua de los murciélagos y presenta características asociadas a la ecolocalización laríngea. Eso apunta a que esta capacidad apareció antes de la diversificación de los murciélagos modernos, en lugar de surgir repetidamente después. Y sí, también significa que vuelo y ecolocalización pudieron estar estrechamente relacionados desde las primeras etapas de la evolución de estos animales.

Han tenido que cruzar ADN de 103 especies con fósiles para averiguar que los murciélagos no vienen de donde pensábamos Imagen: Vladimir Konoplev

Pero el estudio no se limita a poner una chincheta sobre Europa. La reconstrucción del árbol evolutivo afecta a las 21 familias actuales de murciélagos y resuelve algunas relaciones que llevaban años dando guerra. Por ejemplo, sitúa a los Myzopodidae como la rama más antigua dentro de Vespertilionoidea y coloca a Emballonuroidea como grupo hermano. También encuentra que los genomas actuales de los murciélagos probablemente evolucionaron mediante fusiones cromosómicas, hasta reconstruir 26 cromosomas ancestrales. Una cantidad de trabajo considerable para terminar diciéndonos dónde empezó todo.

Y aquí viene la parte que nos interesa más allá del árbol genealógico: los murciélagos son extraordinariamente longevos para su tamaño, tienen sistemas inmunitarios particulares y algunas especies pueden vivir entre ocho y diez veces más de lo esperado para mamíferos de dimensiones similares. El enorme recurso genómico creado por Bat1K permitirá investigar qué mecanismos están detrás de esas características y podría ayudar a estudiar procesos como el envejecimiento y la resistencia a enfermedades. No significa que mañana vayamos a fabricar una pastilla de "genoma de murciélago", claro, pero sí que ahora existe una base de datos muchísimo más útil para averiguar qué hacen estos animales de manera diferente.

Además, conocer mejor su diversidad genética tiene una consecuencia mucho menos espectacular, pero probablemente más inmediata: conservarlos. Los murciélagos representan más de una quinta parte de todas las especies de mamíferos actuales y cumplen funciones ecológicas como polinizar plantas, dispersar semillas y consumir enormes cantidades de insectos. Tener genomas de referencia para las 21 familias permite comparar poblaciones y especies con una resolución que antes simplemente no existía. El mapa de su pasado, en este caso, también puede servir para decidir mejor cómo proteger su futuro.

Y queda una última incógnita: todavía no sabemos exactamente cómo era el antepasado de todos los murciélagos actuales. Los investigadores han dado un primer paso para reconstruir su genoma, pero la propia investigación deja claro que la historia no está cerrada. Solo hemos conseguido colocar mejor la primera chincheta.

Imagen: Muhammad Furqan (vía Pexels)

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