Un equipo de astrónomos asegura haber detectado por primera vez emisiones de radio procedentes directamente de un planeta fuera del Sistema Solar, según un preprint aún pendiente de revisión por pares. El protagonista es Beta Pictoris b, un gigante gaseoso situado a unos 63 años luz de la Tierra y conocido desde 2008.
La señal no es, por supuesto, un mensaje de una civilización extraterrestre (si lo fuera, seguramente ya te habrías enterado). Según el equipo responsable, se trata de emisiones de radio aurorales producidas por partículas cargadas que interactúan con el potente campo magnético del planeta. Lo verdaderamente interesante es que, hasta ahora, no se había conseguido localizar de forma inequívoca una emisión de radio en un exoplaneta y no en su estrella.
El truco estaba en saber de dónde venía la señal: el equipo dirigido por Kevin N. Ortiz Ceballos utilizó el radiotelescopio MeerKAT, en Sudáfrica, y observó el sistema en cuatro ocasiones entre 2025 y 2026, registrando ráfagas rápidas, repetitivas y con alta polarización circular entre 0,85 y 3,5 gigahercios. Para separar el planeta de la estrella y del resto de objetos del sistema recurrieron a la posición de cuásares lejanos como referencias fijas. El resultado situó la fuente sobre Beta Pictoris b, no sobre la estrella anfitriona ni sobre Beta Pictoris c.
Un descubrimiento para el futuro
Y aquí aparece el dato que hace que el hallazgo sea algo más que una curiosidad radioastronómica: la frecuencia máxima detectada permite estimar un campo magnético de al menos 1.250 gauss en el planeta. Es una primera medición directa de este tipo en un exoplaneta y encaja con la interpretación de que las emisiones proceden de la inestabilidad máser de ciclotrón electrónico, el mismo mecanismo físico que produce emisiones aurorales en planetas de nuestro propio sistema. Eso sí, el trabajo fue presentado como un preprint en septiembre y todavía está pendiente de revisión por pares.
Imagen: NASA Science
Beta Pictoris ya era un sistema bastante más interesante de lo que parecía: la estrella tiene ahora tres planetas gigantes conocidos. En julio de 2026, el James Webb permitió identificar Beta Pictoris d mediante la huella química de su atmósfera, mientras que b y c ya habían sido estudiados previamente mediante imagen y otras técnicas. Beta Pictoris b tiene una masa de entre 9 y 12 veces la de Júpiter, según la estimación, y tarda unos 24 años en completar una órbita. En resumen, no estamos ante un planeta cualquiera al que acabamos de encontrar una radio encendida.
¿Y para qué sirve escuchar las auroras de un mundo que está a 63 años luz? Para empezar, para estudiar directamente sus magnetosferas, que influyen en cómo un planeta pierde atmósfera y en cómo interactúa con el viento de su estrella.
Y aquí está el ángulo que agranda la historia: si esta técnica funciona con otros mundos, los radiotelescopios podrían convertir las emisiones aurorales en una herramienta para medir campos magnéticos de planetas mucho más pequeños (incluidos, potencialmente, algunos mundos rocosos). Beta Pictoris b difícilmente será habitable, pero acaba de enseñar a los astrónomos una forma nueva de buscar el escudo magnético de planetas que sí podrían interesarnos por algo más que su guirigay cósmico.
Imagen: Zelch Csaba (vía Pexels)
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