Un vecino encuentra un bloque con jeroglíficos, mandó un aviso y se inició una excavación. Esto es lo que han encontrado

  • El hallazgo fortuito de una piedra inscrita en una aldea del delta del Nilo ha llevado a los arqueólogos hasta los restos de dos esculturas reales, una de ellas de tamaño colosal

  • El lugar, Behbit Al-Higara, atesora un gran templo tardío dedicado a Isis, lo que abre la pregunta de qué hacía allí un faraón del Imperio Nuevo

Un vecino encuentra un bloque con jeroglíficos, mandó un aviso y se inició una excavación. Esto es lo que han encontrado
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Redacción Xataka Ciencia

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Un vecino de la aldea de Behbit Al-Higara, en el delta del Nilo, estaba trabajando un terreno frente a su casa cuando sacó de la tierra un bloque de piedra con inscripciones. Avisó a las autoridades y aquel aviso bastó para que el Consejo Supremo de Antigüedades montara una excavación de rescate. Bajo la arena aparecieron los restos de dos estatuas reales y un segundo bloque de granito rosa con jeroglíficos, según recoge la nota oficial del Ministerio de Turismo y Antigüedades que ha publicado National Geographic España.

La cabeza colosal La pieza más llamativa es la cabeza de una estatua de Ramsés II, de unos 1,60 metros de altura por sí sola. El faraón aparece con la doble corona, el símbolo que reunía el Alto y el Bajo Egipto, y un fragmento del pilar dorsal conserva su nombre de Horus, "Hor-Ka-Nakht-Mery-Maat", que se traduce como "Horus, toro fuerte, amado de Maat". Esa titulatura es la firma que los egiptólogos usan para identificar al monarca.

A partir de la cabeza, los arqueólogos calculan que la estatua completa, con su base, alcanzaba unos 8,5 metros. Es una escala habitual en Ramsés II, el tercer faraón de la dinastía XIX, que gobernó Egipto entre 1279 y 1213 a.C., durante 66 años, y convirtió la imagen colosal en una herramienta de poder.

La segunda estatua A escasa distancia apareció el cuerpo de una segunda estatua real, de unos 2,40 metros de longitud, sin piernas ni base y con la parte superior del tocado dañada. Aquí el monarca lleva el nemes, el pañuelo rayado que cubre la cabeza y cae sobre los hombros, en lugar de la doble corona de la primera pieza. Los rasgos faciales, bien conservados, se parecen a los de la primera cabeza, lo que refuerza la hipótesis de que también retrata a Ramsés II, aunque la atribución sigue siendo provisional.

El bloque intermedio Un metro al norte de esa segunda figura salió un bloque de granito rosa de 1,30 metros con dos títulos reales grabados: "Nesu-Bity", rey del Alto y el Bajo Egipto, y "Sa-Ra", hijo de Ra. Son las fórmulas genéricas que en la titulatura egipcia de cinco nombres preceden al de trono, "Usermaatra Setepenra", y al de nacimiento, "Ramessu". En conjunto, las tres piezas apuntan a un mismo gobernante.

Quién lo anunció El ministro de Turismo y Antigüedades, Sherif Fathy, destacó el papel del vecino que avisó y subrayó que el hallazgo arroja luz sobre la historia de Behbit Al-Higara. Hisham El-Leithy, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, confirmó que las excavaciones continúan para aclarar la relación entre las piezas y reconstruir el contexto original.

Por qué en Behbit El emplazamiento no es un detalle menor. Behbit Al-Higara, en la gobernación de Gharbia, es sobre todo conocido por las ruinas de un gran templo dedicado a la diosa Isis, el Iseión, levantado principalmente por Nectanebo II en la dinastía XXX, entre 360 y 343 a.C. Eso sitúa la gran construcción mil años después de Ramsés II, en plena época tardía.

El sitio atesora bloques de granito y elementos arquitectónicos de varias épocas, y la documentación egipcia del Imperio Nuevo ya cita el lugar, aunque quizá como un arrabal de Sebennytos y no como una ciudad independiente. La presencia de estatuas ramésidas plantea qué actividad había allí antes de que Isis acaparara el lugar.

Las estatuas colosales de Ramsés II no son raras en Egipto. Los cuatro colosos sentados a la entrada del Gran Templo de Abu Simbel, excavado en la roca a orillas del Nilo, miden unos 20 metros cada uno, y en 2017 afloró en un barrio de El Cairo, sobre la antigua Heliópolis, una estatua de cuarcita de unos ocho metros atribuida al mismo faraón. En Behbit, los 8,5 metros estimados colocarían la nueva pieza en esa misma familia de imágenes pensadas para dominar el paisaje, lo que descarta que se trate de una figura secundaria.

La pregunta abierta, ahora, es de contexto. Una cabeza colosal y un cuerpo con nemes en un santuario tardío de Isis pueden ser resto de un templo ramésida anterior, material reutilizado por constructores posteriores o un depósito sagrado trasladado en la antigüedad. Según el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, que estudia el sitio, el Iseión se desplomó en época antigua, tal vez por problemas de cimentación y por un terremoto hacia el siglo I a.C., y el trasiego de bloques en época ptolemaica y romana fue intenso. La respuesta, si llega, saldrá de la misma tierra que removió el vecino.

Foto | Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto

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