Santiago Feijoo, arqueólogo: "Los romanos no hicieron presas para abastecer de agua a las poblaciones"

  • El arqueólogo del Consorcio de Mérida reafirma que ni Proserpina ni Cornalvo son romanas y reconstruye la red de cuatro acueductos que abasteció Augusta Emerita desde manantiales lejanos

  • Los canales iban abovedados desde el nacimiento hasta la ciudad, una prueba de que el agua no se tomaba de embalses al aire libre

Santiago Feijoo, arqueólogo: "Los romanos no hicieron presas para abastecer de agua a las poblaciones"
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Redacción Xataka Ciencia

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Santiago Feijoo, arqueólogo del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida, lleva dos décadas sosteniendo una tesis que desmonta una de las señas de identidad de la ciudad: las presas de Proserpina y Cornalvo, tradicionalmente fechadas en época romana, no lo son. La de Proserpina sería altomedieval, a partir del siglo VI; la de Cornalvo, igualmente posterior, aunque no aparezca en los textos hasta el siglo XIII. Feijoo lo expuso el 28 de octubre de 2026 en el Liceo de Mérida, en una conferencia titulada "Los acueductos de Augusta Emérita", según recoge la crónica de HOY.

Cuatro acueductos, no embalses. La Mérida romana, fundada como colonia Augusta Emerita en el año 25 antes de Cristo para asentar a veteranos de las legiones V Alaudae y X Gemina, se abasteció de cuatro acueductos, acaso cinco. Feijoo los enumeró en el Liceo: San Lázaro, con cinco o seis tomas; Las Abadías, con dos ramales; Los Milagros, cuyo posible arranque estaría en la fuente de Cerro Verde, a 50 kilómetros; y el Aqua Augusta, conocido como de Cornalvo, el más largo, con unos 75 kilómetros. Entre acueductos y canales sumaron centenares de kilómetros para una población que el arqueólogo cifra en no más de 15.000 habitantes.

El cuarto acueducto. Uno de los cuatro no entró en los manuales hasta 2004, cuando la excavación de Las Abadías sacó a la luz los restos de una conducción romana en buen estado de conservación. Al principio se identificó como un ramal del acueducto que arrancaba en Proserpina y terminaba en Los Milagros. La investigación posterior concluyó que era una instalación independiente, la cuarta que daba servicio a la colonia. Feijoo publicó su tesis sobre las presas en 2005, en las monografías del Museo Nacional de Arte Romano.

Por qué no podían beber de presas. El argumento de Feijoo va más allá de la cronología. Los canales romanos de Mérida iban abovedados bajo tierra a lo largo de todo su recorrido, una costumbre que el arquitecto Vitruvio recogió en 'Los Diez Libros de Arquitectura' con tres principios: proteger el agua de la luz, mantenerla fría para frenar los organismos patógenos y aislarla de cualquier materia en descomposición. Si la conducción venía de un embalse al aire libre, abovedar decenas de kilómetros carecía de sentido. La cota de la presa original de Proserpina no alcanzaba la del canal que supuestamente alimentaba, lo que impedía que ambas funcionaran juntas.

Para qué servían entonces las presas. "Los romanos claro que hicieron presas pero no para abastecer a la población sino para otros usos", recordó Feijoo en el Liceo. Las de Mérida se habrían levantado en época visigoda o islámica, siglos después de que la red de acueductos dejara de funcionar, para embalsar los manantiales que antes surtían la ciudad. El agua estancada era "un problema crucial de salud pública", en sus palabras, porque entonces no se podía depurar. Se destinaba a termas, telares, regadío o alfares, nunca a la boca de los emeritenses, que solo bebían agua de manantiales alejados de la ciudad.

La red sigue creciendo. La investigación no se cerró con la tesis de 2005. En 2017, Feijoo y el también arqueólogo del Consorcio Diego Gaspar emplearon datos LIDAR desde un avión para detectar las microelevaciones del terreno que delataban canales soterrados. Localizaron 30 kilómetros nuevos del canal de Cornalvo, ya dentro del parque natural del mismo nombre, que se sumaron a los 40 conocidos, más otro tramo perdido de unos 30. El Aqua Augusta alcanzaba así entre 75 y 90 kilómetros y se situó entre los acueductos más largos de la península.

El conjunto arqueológico de Mérida lleva desde 1993 la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La parte más visible de aquella red es el acueducto de Los Milagros, con 830 metros de arquería de granito y ladrillo y 73 pilares que salvan el valle del río Albarregas. Feijoo, que reabrió el debate sobre Proserpina y Cornalvo desde su tesis de 2005, no da por cerrado el mapa: "es muy probable que aún existan más ramales y captaciones aún por descubrir".

Foto | Dante Muñoz vía Pexels

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