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¿Es malo cambiar de opinión?

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Pues depende. Estar equivocado no es malo. Sólo lo es cuando te empecinas en que las cosas son como afirmas cuando tienes delante la evidencia de que no es así. He sabido de muchas veces en que un científico ha cambiado de opinión a la luz de los hechos.

Y por otro lado, hemos de aceptar también las críticas. Todo el mundo tiene derecho a criticar nuestras opiniones, así como nosotros tenemos también derecho a criticar las de los demás con nuestros más poderosos argumentos. Quién sabe, hasta puedes darte cuenta de que no estés tan en lo cierto como pensabas.

Me gusta la ciencia porque me abre los ojos a la realidad. Me gusta porque me muestra cómo puedo estar equivocado y, sin embargo, ser capaz de reconocerlo y cambiar mi concepción de cómo funcionan o cómo deben ser las cosas.

No sólo es ámbito de la ciencia el cambiar de opinión, pero en otras cosas no se da tan a menudo. Carl Sagan nos hablaba del juez Hugo Black, quien de joven fue miembro del Ku Klux Klan y más tarde fue uno de los defensores de las históricas decisiones de la XIV Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos que afirmaron los derechos civiles de todos los americanos.

Se decía de él que, de joven, se puso túnicas blancas para asustar a los negros y, de mayor, se vistió con túnicas negras para asustar a los blancos.

Estos relatos nos arrancan una sonrisa. Normalmente, las personas reconocemos nuestros errores en privado, pero no somos capaces de hacerlo en público. Cuando un científico lo hace de este modo, entonces es cuando nos arranca una sonrisa, si cabe, más grande.

Y así lo contaba Richard Dawkins de cuando era un estudiante de postgrado sobre un respetado alto miembro del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford. En su libro El espejismo de Dios nos lo explicaba:

Durante años había creído apasionadamente y enseñado que el Aparato de Golgi (una característica microscópica del interior de las células) no era real: para él, era una fabricación, una ilusión. Cada lunes por la tarde, era la costumbre de todo el departamento, escuchar una charla sobre alguna investigación de un conferenciante visitante. Un lunes, el visitante fue un biólogo celular estadounidense quien presentó evidencias completamente convincentes sobre la existencia del Aparato de Golgi. Al final de la charla, el anciano profesor caminó vigorosa y altivamente hasta el frente del salón, le dio la mano al estadounidense y dijo: - Mi querido colega, deseo darle las gracias. Yo he estado equivocado durante quince años. Nosotros aplaudimos hasta que nuestras manos enrojecieron.

Y como el mismo Dawkins reconoce:

En la práctica, no todos los científicos lo harían. Pero todos los científicos lo expresan en palabras viéndolo como algo ideal a diferencia, digamos, de los políticos que probablemente lo condenarían diciendo que es una repentina retractación. La memoria del incidente que acabo de describir, todavía me produce un nudo en la garganta.

Otro famoso caso fue el de Lord Kelvin, quien afirmaba que el Sol no podía tener más de 20 millones de años. Pensaba que el calor del Astro Rey era generado por su contracción debida a la gravedad. El problema era que los registros geológicos en la Tierra tenían, por lo menos, cientos de millones de años, como habían demostrado Charles Lyell y James Hutton. Esa contradicción atormentó a Darwin las últimas décadas de su vida.

Pero el Sol es, en realidad, un horno nuclear y esa energía, como posteriormente explicó Rutherford, daba cuenta de los miles de millones de años de la edad del Sol. Lord Kelvin, años más tarde, seguía sin creer que así se pudiera explicar esa energía extra. Otro gran físico, Lord Rayleigh, invitó a Kelvin a aceptar una apuesta de cinco chelines a que antes que hubieran pasado seis meses declararía que Rutherford estaba en lo cierto. Antes de ese tiempo, Kelvin reconoció su pérdida, la confesó en público ante la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia y pagó sus cinco chelines.

Así que recordad: sed capaces de oír otras opiniones y, si no estar de acuerdo, al menos, escucharlas y tener vuestras baterías de argumentos en contra.

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