Hay que reutilizar 20.000 veces una bolsa de algodón orgánico para que su impacto medioambiental sea menor que una de plástico

Hay que reutilizar 20.000 veces una bolsa de algodón orgánico para que su impacto medioambiental sea menor que una de plástico
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Hay decisiones medioambientales que tienen más de postureo que de utilidad, como es el caso de sustituir las pajitas de plástico por pajitas de papel (en realidad las pajitas sólo representan el 0,025% del plástico consumido por Estados Unidos, el país líder en este sentido).

Otras soluciones más verdes, además, incluso pueden ser más contaminantes que sus contrapartes tradicionales. En función de lo que estemos midiendo en lo tocante al impacto medioambiental, pues, una bolsa de tela es más contaminante que una bolsa de plástico.

Más útil reutilizar sin importar el material

Concretamente, una bolsa de algodón orgánico es 20.000 veces más contaminante que una bolsa de plástico. Es decir, que resulta mucho más eficaz reutilizar las bolsas antes que pasarnos a otros materiales (que además pueden ser más peligrosos a nivel sanitario).

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En la tabla se estima cuántos usos eran necesarios a lo largo de la vida de una bolsa para igualar el "impacto medioambiental acumulado" (emisiones, gasto de agua, gasto de energía, etcétera) de las de plástico. Resultado: 45 para las de polipropileno, 84 para las de tereftalato de polietileno reciclado, 35 para las de poliéster, 43 para las de papel, 7.100 para las de algodón convencional y 20.000 para las de algodón orgánico.

Producir 1 kg de tejido de algodón requiere más de 40.000 litros de agua en promedio, mayor que la de cualquier vegetal e incluso la mayoría de las carnes.

En otras palabras: resultaría infinitamente más eficaz hacer pedagogía (y quizá bolsas de plástico un poco más resistentes) para fomentar la reutilización, pero sin demonizar ningún material, particularmente el plástico. El impacto de un material no se explica por sí solo. Usar una bolsa de tela; pues, podría ser lo mejor, pero también lo peor. Todo depende del uso.

A todo esto se suma, además, los problemas sanitarios: el algodón es un material que puede ser colonizado por microorganismos patógenos, por lo que no debería ponerse en contacto directo con alimentos, y debería lavarse con la misma asiduidad y a la misma temperatura que los trapos de cocina.

Corolario: tomar decisiones medioambientalmente sostenibles es mucho más difícil de lo que parece, y además deben cambiar con el tiempo, en función de las circunstancias. Deben ser decisiones que vayan más allá de la señalización de la virtud o de la moda o lo cool. Y, sobre todo, debe de ser tenido en cuenta su impacto real: cada vez que tomas un vuelo estás produciendo el impacto equivalente a 100.000 botellas de plástico. Algo que debes tener en cuenta cada vez que dejas de usar una botella de plástico pero decides igualmente irte de vacaciones.

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