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¿Hasta qué punto es útil pasar la medición de emisiones tóxicas de tu coche?

¿Hasta qué punto es útil pasar la medición de emisiones tóxicas de tu coche?
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Según Donald Stedman, un químico especialista de emisiones de automóviles de la Universidad de Denver, pasar la medición de emisiones tóxicas de nuestro coche es esencialmente una pérdida de tiempo y de dinero.

La mayoría de los coches, sobre todo los nuevos, son muy limpios. Un Subaru 2004 en buen estado, por ejemplo, sólo emite un 0,06 % de monóxido de carbono. Una cifra irrisoria.

Pero una minoría de coches produce 200 veces más monóxido de carbono, ya sea porque es viejo, por falta de mantenimiento, defectos sin reparar, etc. Por ejemplo, en Denver, el 5 % de los coches que circulan producen el 55 % de la contaminación que emiten los automóviles.

Señala Stedman:

Digamos que un coche tiene quince años. Obviamente, cuanto más viejo es un coche, más probabilidades tiene de romperse. Con los seres humanos pasa lo mismo. A efectos de lo que estoy diciendo, romperse significa cualquier avería mecánica: el ordenador de a bordo no funciona, el mecanismo de inyección de combustible se queda abierto, el catalizador se muere por lo que releven, etcétera. No es insólito que estos fallos generen emisiones altas. Tenemos al menos un coche en nuestra base de datos que emitía setenta gramos de hidrocarburo por milla recorrida, lo que significa que casi podría alimentar el motor de un Honda Civic con los gases de escape que soltaba. Pero no son sólo los coches viejos. También son los relativamente nuevos con un kilometraje muy alto, como es el caso de los taxis.

Atendiendo a estos datos, que todos pasemos los mismos controles no tiene demasiado sentido. Sólo en Denver, cada año deben pasar por el control un millón de coches, con todo lo que eso conlleva: tiempo, guardar cola, pagar 15 o 20 dólares… para llevar a cabo una prueba que el 90 % de los coches no necesita.

Además, a los inspectores de emisiones tóxicas se les da bastante mal lo de localizar a los comparativamente escasos infractores:

Cualquier aficionado a la mecánica medianamente competente puede limpiar en una tarde el muy contaminante motor de su deportivo la víspera del día en que le toque pasar la inspección técnica. Otros matriculan su coche en una ciudad lejana donde no se inspeccionan las emisiones, o bien llegan a la revisión “en caliente” (recién salidos de la autopista tras haber conducido a gran velocidad por ella).

Según Stedman, hay pocos indicios que nos digan que una ciudad donde se lleven a cabo esta clase de inspecciones sea una ciudad con mayor calidad de aire.

Así pues, ¿cuál sería la alternativa? Stedman propone pruebas móviles. Algo así como controles imprevistos y aleatorios, como los que efectúa la policía cuando nos pide el permiso de conducir o inspecciona el seguro del coche.

A principios de los ochenta inventó un dispositivo del tamaño de una maleta que usaba luz infrarroja para medir al instante y analizar luego las emisiones de los coches mientras circulaban por la carretera. (…) Él opina que los ayuntamientos deberían instalar una media docena aproximada de sus dispositivos en furgonetas, aparcadas en salidas de la autopista por toda la ciudad y tener un coche de policía apostado para parar a cualquiera que no pase la prueba. Con media docena de furgonetas podrían examinarse treinta mil coches por día. Por los mismos 25 millones de dólares que los automovilistas de Denver ya están gastando en las inspecciones municipales, calcula Stedman, la ciudad podría identificar y limpiar veinticinco mil vehículos realmente contaminantes cada año.

Vía | Lo que vio el perro de Malcolm Gladwell

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