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¿El biocombustible es un fraude 'flower power'?

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El biocombustible, a juicio de Matt Ridley, de la Universidad de Oxford, tiene más de flower que de power. Es decir, que parece más cool porque delante lleva el prefijo bio-, pero que es como bautizar a Terminator como bioterminator y así esperar que no venga del futuro a matar a John Connor.

O en palabras de Ridley:

Ni Jonathan Swift se hubiera atrevido a escribir una sátira en la que los políticos defendieran que (en un mundo en el que las especies están desapareciendo y mil millones de personas apenas tienen para comer) sería de algún modo beneficioso para el planeta derribar las selvas para producir aceite de palma, o ceder tierras de cultivo de alimentos para producir biocombustibles y elevar el precio de la comida para los pobres, simplemente para que las personas puedan quemar en sus automóviles combustible derivado de carbohidratos en lugar de hidrocarburos.

Éstas son las cifras: en 2005 se produjeron a nivel mundial aproximadamente 10 billones de toneladas de etanol. El 45 % de ellas procedían de caña de azúcar brasileña. Otro 45 % de maíz estadounidense. Si a esto sumamos mil millones de toneladas de biodiesel hecho de colza europea, el resultado es que aproximadamente el 5 % de las tierras de cultivo del planeta Tierra dejan de producir comida para producir combustible (el 20 % en EEUU).

Junto con la sequía en Australia y el aumento del consumo de carne en China, éste fue uno de los factores clave que impulsaron la oferta mundial de comida por debajo de la demanda mundial en 2008, y causaron disturbios por todo el mundo. (…) Los pobres, recuerden, gastan el 70 % de sus ingresos en comida. En efecto: los conductores de automóviles en Estados Unidos llenaban sus tanques con carbohidratos que robaban de las bocas de los pobres.

Siendo así la situación, hemos de imaginar que los biocombustibles deben de ofrecer unos beneficios medioambientales inmensos. Sólo así se explica que se tomen estas medidas.

Pero no es así: fermentar carbohidratos es un negocio ineficiente comparado con quemar hidrocarburos, como de nuevo señala Ridley:

Cada hectárea de maíz o caña requiere fertilizantes, pesticidas, combustible para el tractor, los camiones y la destilación: todos son combustibles. Así que la pregunta es: ¿cuánto combustible se requiere para producir combustible? Respuesta: aproximadamente la misma cantidad. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos estimó en 2002 que cada unidad de energía invertida en la producción de etanol de maíz produce 1,34 unidades, pero sólo si se toma en cuenta la energía del grano destilado y seco, un subproducto del proceso de producción que sirve como alimento para el ganado. Si él, la ganancia era sólo de un 9 %.

Cabe recordar aquí que a los estadounidenses les han triplicado los impuestos para sufragar la industria del etanol: subsidian el cultivo de maíz, la producción de etanol y pagan más por su comida.

Joseph Fargione, de Nature Conservancy, afirma que usar los suelos de Cerrado en Brasil para producir gasóleo de haba de soja, o las tierras de turba de Malasia para cultivar gasóleo de aceite de palmera, libera “17.420 veces más dióxido de carbono que el total de las reducciones anuales en la emisión de gases de efecto invernadero que estos biocombustibles causarían si desplazaran a los combustibles fósiles.”

Además, se requieren aproximadamente 500 litros de agua para obtener 4 litros de etanol de maíz, y 20 litros para destilarlos, considerando que sólo el 15 % de la cosecha es irrigada. En contraste, se necesitan menos de 12 litros de agua para extraer 4 litros de gasolina, y 8 litros para refinarlo. Para lograr el objetivo establecido por Estados Unidos de producir 140.000 millones de litros de etanol al año, se requeriría utilizar la misma cantidad de agua que consumen todos los habitantes de California. No tengan duda: la industria de biocombustibles no es perjudicial sólo para la economía, también es perjudicial para el planeta. La principal razón por la que ganó tanta fuerza entre los políticos estadounidenses fue el cabildeo y las financiaciones políticas realizados por grandes compañías.

Como en estos artículos sobre energías renovables he visto que hay muchos expertos en la sala, os cedo la batuta: ¿qué opináis vosotros?

Vía | El optimista racional de Matt Ridley

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