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¿La lista de de reproducción aleatoria del iPod realmente es aleatoria?

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Seguro que os ha pasado como a mí. Suelo escuchar mucha música en mi reproductor de mp3 (no importa si es un iPod o cualquier otro, siempre y cuando tenga la opción random) mientras voy en bicicleta por el paseo marítimo, mientras paseo por la montaña los días de mucho viento (ir en bici, entonces, es un engorro), para inducirme un estado de ánimo concreto vía auditiva a fin de escribir algún contenido… así que suelo poner a menudo la reproducción de mi música (más de 1.500 temas) en modo Shuffle.

Sin embargo, acostumbro a escuchar muchas veces las mismas canciones y, algunas otras, no parecen sonar nunca. Así que ¿realmente es aleatoria esa reproducción o es un timo? Así lo explica Jonah Leherer:

No puede ser aleatoria porque nuestro cerebro no funciona así. Al principio, Apple introdujo la reproducción aleatoria de verdad. Sin embargo, la aleatoriedad no era interpretada por el consumidor como verdadero azar, pues algunas canciones se repetían de vez en cuando. Los consumidores creyeron, en consecuencia, que esa característica contenía preferencias y patrones secretos.

Debido a ello, Apple se vio en la obligación de revisar el algoritmo. “Lo hicimos menos aleatorio para que pareciera más aleatorio”, dijo Steve Jobs, presidente de Apple.

Esto ocurre por la llamada falacia del jugador, que ocurre cuando la gente presupone que un hecho es más o menos probable basándose en si se ha producido recientemente. Si jugamos a la ruleta y sale 26 veces el negro, ¿a qué apostaríais a continuación? La mayoría de nosotros diría al rojo. Pero las probabilidades de que salga rojo son las mismas de que salga negro también en la tirada número 27, tal y como ocurrió en 1913 en el casino de Montecarlo: el casino acabó ganando millones de francos gracias a que la mayoría apostó rojo después de 26 negros seguidos.

Algo parecido ocurrió durante los bombardeos de Londres durante 1940, tal y como ha sido estudiado por Thomas Gilovich:

Mientras se producía el Blitz, los periódicos británicos publicaban mapas con la ubicación exacta de todos los impactos de los misiles alemanes. El problema era que los impactos parecían al azar, por lo que los londineses y los planificadores militares británicos llegaron a la conclusión de que los alemanes podían dirigir sus proyectiles a objetivos específicos. Como consecuencia de ello, la gente huía de los barrios que parecían más castigados y sospechaban que los espías alemanes vivían en las zonas más tranquilas. No obstante, en realidad los militares alemanes prácticamente no tenían ningún control sobre el lugar donde acababan cayendo los misiles. Aunque apuntaban al centro de Londres, eran totalmente incapaces de identificar dianas “en” Londres. Los patrones de daños eran completamente aleatorios.

Vía | Cómo decidimos de Jonah Leherer

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