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La historia de la desigualdad entre seres humanos según su inteligencia (II)

La historia de la desigualdad entre seres humanos según su inteligencia (II)
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La mayoría de nosotros se ha sometido alguna vez a un test de CI. Son baterías de preguntas sobre distintos tipos de tareas, sobre ordenar conceptos, completar sucesiones de números, componer figuras geométricas, etcétera.

El test estándar de cociente intelectual es el de Binet-Simon.

En la anterior entrega de esta colección de artículos sobre la inteligencia decíamos que Lombroso asoció genialidad con locura. Algo que fue refutado empíricamente en los años 1920. Para ello, Terman, un investigador norteamericano, sometió a pruebas de larga duración a personas que habían obtenido una puntuación superior a 140 en un test de CI.

La conclusión fue que la mayoría de los superdotados eran, respecto a las personas de cociente intelectual medio, más equilibradas psíquicamente e incluso más sanos físicamente.

Pero el CI seguía siendo objeto de críticas. Sobre todo al descubrirse que la inteligencia, en gran medida, es un rasgo congénito. La gente no quería aceptar que su posición rezagada ante los más aptos era algo congénito sino propio de un medio social hostil. O dicho de otro modo: la culpa es del medio, no mía.

Así que imaginaos el revuelo que se organizó a finales de 1960, cuando A. R. Jenssen y H. J. Eysenck presentaron investigaciones que determinaban que la herencia genética era responsable del 80 % de la inteligencia de un individuo cualquiera. Incluso Eysenck fue agredido por esa afirmación cuando pronunciaba una conferencia en la London School of Economics.

Estos estudios se basaban en el seguimiento de los gemelos univitelinos (con el mismo genotipo, como si fueran clones) que habían sido educados por separado, en familias distintas, incluso en entornos culturas disímiles. Tras pasar un test de CI, ambos gemelos presentaban un resultado similar.

La gente que se reveló ante estos resultados de manera furibunda no tenía en cuenta que la determinación de que las personas son más o menos inteligentes de nacimiento no invalida el precepto democrático de que debe ignorarse esta diferencia. Igualdad no es lo mismo que equidad.

La sociedad no es la continuación de la naturaleza humana, sino que aprovecha sus variaciones de forma selectiva. Precisamente porque la política hace abstracción de todas las diferencias naturales entre los individuos, éstas pueden ser aprovechadas en otra parte; así, por ejemplo, la familia se funda en la diferencia entre el hombre y la mujer (y no existe discriminación alguna en el hecho de que la mujer prefiera como pareja al hombre); y los sistemas educativos aprovechan las diferencias existentes entre las capacidades de los individuos.

A todo este se le suma algo que se está descubriendo poco a poco. Que la inteligencia no es tan fácil de medir como se había creído, y que existen inteligencias múltiples, amén de otras capacidades coadyuvantes. Pero de eso os hablaré en la siguiente entrega de esta serie de artículos sobre la inteligencia.

Vía | Cultura de Dietrich Schwanitz

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